En esto, me uno a Unamuno, “Prefiero los libros que hablan como hombres.”

Encontré, navegando por la red, este audio, y me pareció curioso, interesante e importante para todo aquel que lee y escribe. Precisamente lo expresado por Unamuno es una idea con la que convivo hace años, tanto es así que en mi siguiente entrada trato de exponer “algo más” a cerca del aspecto sonoro y visual desde su principio hasta la escritura, con el título El verbo sigue vivo. La jerarquía de la manifestación. El sonido y la luz”.

Aquí les dejo el enlace a la grabación de la voz de don Miguel de Unamuno – El poder de la palabra (1931) – https://www.youtube.com/watch?v=nflKqPLxeL8

A continuación la transcripción de lo dicho por don Miguel de Unamuno:

“Un crítico francés de nuestra literatura española, dijo, que en España, apenas hay escritores, sino oradores por escrito. Acaso es cierto. Por mi parte, nada me molesta más, que oír decir de alguien que habla como un libro, prefiero los libros que hablan como hombres. Y lo que es menester, es que la gente aprenda a leer con los oídos, no con los ojos. La palabra es lo vivo. La palabra es en el principio. En el principio fue el verbo, y acaso en el fin será el verbo también. Cristo, el Cristo, no carpintero sino armador de casas, no dejó nada escrito: toda su obra fue de palabra. Yo recuerdo haber dicho esto: El armador aquel de casas rústicas habló desde la barca, ellos sobre la grava de la orilla, y él flotando en las aguas. Y la brisa del lago recogía de su boca parábolas, ojos que ven, oídos que oyen gozan de bienaventuranza. Recién nacían por el aire claro las semillas aladas, el sol las revestía con sus rayos, la brisa las cunaba. Hasta que al fin cayeron en un libro ¡ay, tragedia del alma! ellos tumbados en la grava seca y él flotando en las aguas. Yo temo por mi parte, que mueran mis palabras en los libros, y que no sean palabras vivas, porque he vivido siempre, de hacer, de vivir de la lengua. Niño viejo, a mi juguete al romance castellano me di a sacarle las tripas por mejor matar el año. Mas de pronto, estremecióse y se me arredró la mano pues temblorosas entrañas vertían sonoro llanto. Con el hueso de la lengua, de la tradición, badajo, Miserere, Ave María, tañían en bronce sacro. Martirio del pensamiento, tirar palabras a garfio, juguete de niño viejo lenguaje de hueso trágico. Y toda la tragedia íntima, que lo es, ha sido luchar con la palabra, para sacarle toda la filosofía, toda la religión que lleva implícita. Porque una palabra es la esencia de la cosa. Cuando Adán dio nombre a las cosas, las hizo humanas y las humanizó.

{Parte II} De tal modo las palabras llevan la esencia humana de las cosas, que, los que no son nombres propios, los geográficos, los toponímicos, llevan un paisaje, y a las veces, basta sólo, con oír la palabra para adivinar lo que pueda ser la tierra que recibió aquel nombre. Oíd una especie de pintura, del Duero, desde España hasta que entra en Portugal: Arlanzón, Carrión, Pisuerga, Tormes, Águeda, mi Duero. Lígrimos, lánguidos, íntimos, Espejando claros cielos, Abrevando pardos campos, susurrando romanceros. […] Nombres hay, por ejemplo, como el de Madrigal, que él solo, pinta casi. Madrigal de las Altas Torres, allí donde murió Fray Luis de León, donde fue enterrado el príncipe don Juan, donde había nacido Isabel la Católica Ruinas perdidas en campo que lecho de mar fue antes de hombres, tus cubos mordieron el polvo, Madrigal de las Altas Torres. Tú la cuna de Isabel, tumba de don Juan, fatídico brote, cayó en Salamanca dorada y en Ávila fúnebre corte. Medina la del Campo sueña – cigüeñas, cornejas al borde – el de César Borja, ¡qué salto!; San Juan de la Cruz que se esconde. Cielo del águila bicéfala, nubarrones llegan del norte; Maldonado, Bravo, Padilla; Lutero a lo lejos responde. Don Sebastián el Encubierto, el rey del misterio, Quijote de Portugal, ¡ay pastelero!, venías quién sabe de dónde… Fray Luis de León, ojos, mano se doblan a la última noche; quebrada la cárcel de carne su mente al sereno se acoge. ¡Castilla! ¡Castilla! ¡Castilla! Madriguera de recios hombres; tus castillos muerden el polvo, Madrigal de las Altas Torres; Ruinas” {perdidas en lecho ya seco de ciénaga enorme}* * Por falta de espacio de grabación, estas ocho últimas palabras no figuran. —————————————————————————————————————————————————— Título: El Poder de la Palabra: parte I y II. Autor: Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936). Fecha: 3 de diciembre de 1931. Datos de edición: Madrid Centro de Estudios Históricos. Nº matriz: K 2823, K 2824. Tipo de Documento: Registro sonoro no musical. Descripción física: 1 disco (6 min) 78 rpm. Signatura APDS/1/6 APDS/3/8 DS/14444/4 APDS/261/21 PID bdh0000154250. Resumen: Contiene una explicación improvisada del autor, intercalando la lectura de unos poemas inéditos que se interrumpen por falta de espacio de impresión. Descripción y notas: Etiqueta beige con letras negras, incluido en el “Catálogo de discos de 78 rpm en la B.N.”, nº 6416. Pertenece a la primera colección de discos grabada entre 1931 -1933 por Columbia Gramophone Company y dirigida por Tomás Navarro. Publicado en 1990 en vinilo y en 1998 en CD por la Residencia de Estudiantes. Copia digital de conservación (CD y DAT), 1995 -2000.

Acerca de Apareador

Pueden contactar con el autor en el correo electrónico poesiamanifiesta@hotmail.com.
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