El verbo sigue vivo. La jerarquía de la manifestación. El sonido y la luz.

Como ya expuse hace años en mi “Bibliografía de una vida” “no todo está en los libros”, contrariamente a lo que se cantaba en la pegadiza melodía de presentación del programa televisivo de Fernando Sánchez Dragó, que decía que “todo está en los libros”. A mi parecer, esa afirmación sólo puede ser cierta si uno asume que “todo está en todo”, perspectiva que concuerda con la “visión tan-trika no-dual del absoluto y su manifestación”. Si se afirma desde esa perspectiva, tiene poco sentido “limitarlo a los libros”, entiendo que no sea así en un programa dedicado precisamente a los libros por parte de un hombre que ha volcado su vida metafórica y literalmente en la literatura, pero debemos reconocer que tanto se puede decir que todo está en los libros como que todo está en cualquier lugar, tiempo, objeto y por supuesto algo que suele olvidarse, sujeto… Incluso si queremos limitarlo a los libros podemos observar que todo está ya en su principio, “el verbo”, y en su expresión “sólida” en el “punto gráfico” necesario para iniciar cualquier obra escrita, por ejemplo el punto que abre el koran y que como nos dice Ibn Asad en uno de sus libros daría para escribir una enciclopedia entera a cerca de su contenido, incluso si “hilamos algo más fino”, todo está ya en “el punto de vista” del sujeto, causa u objeto de expresión en relación (logos) con lo expresado, efecto u objeto de observación. Como ya comenté con un lector por correo, que pedía disculpas por “enrollarse”: “Tranquilo, yo también me enrollo o me “desenrollo” según se mire, pues desplegar un punto de vista en concepto, idea y palabras cuya relación apelen a lo observado, para que el observador, oyente, lector, pueda “recibir” o darse cuenta en sí mismo de dicho punto de vista, supone “bastante desarrollo”, de este modo resulta obvio que “cualquier obra empieza por un punto, por ejemplo de vista.”

Dicho esto, no me considero ni puedo considerarme escritor, tampoco lo pretendo, pues para mi tan sólo es una vía de expresión, que además me obliga a realizar un “trabajo extra” para ser manifestada, pues “la palabra es sonora”, sonido consecuente de la vibración (spanda, término sánscrito que curiosamente fonéicamente no está muy alejado de la palabra España, que tanto temen algunos), con lo cual reducir su transmisión sonora (Oral, verbal), a la transmisión luminosa, gráfica y sólida y que esta mantenga “su esencia” resulta un arduo trabajo que siempre debe “ser completado” por el lector, que debe “escuchar” lo que lee (como, por lo visto ya decía Unamuno), no sólo imaginar a partir de la imagen gráfica de las letras formando palabras o la sólida y cerrada concepción de significados literales y lapidarios de los diccionarios o peor aún los ideológicos.

Como ya dijo Jesús, que no escribía libros que se sepa (Lo cual también nos recordaba Unamuno), “Quién tenga oídos, que oiga, quién tenga ojos que vea…” Estableciendo así el principio sonoro-auditivo por delante del principio luminoso-visual de manera evidente para quién atienda a la condición que el mismo Jesús nos expresa con soberana clarividencia. Algo que también se refleja en el Génesis “Y dijo Dios: Hágase la luz; y la luz se hizo o Sea la luz; y fue la luz.” Dejando claro que el sonido es “primero” y a partir de éste se da lugar a la luz.

Dicho esto, es evidente que la escritura presta y ha prestado un servicio muy importante como “fuente” o mejor dicho, estado de conservación, del conocimiento que en su transmisión da lugar a la tradición. Del mismo modo es sencillo comprender que ésta, la escritura, no se desarrolló hasta que no se consideró necesaria, probablemente porque la capacidad cognitiva y “en general el estado del ser humano” le permitían prescindir de la escritura hasta entonces. Este lógico razonamiento puede chocar con la mentalidad moderna, vinculada inevitablemente a la idea inoculada de lo que llaman “progreso”, basándose tan sólo en la cantidad de fabricación de artefactos (Como muy bien explica Arcadio Rojo), los cuales, desde este punto de vista que expongo, no vendrían a mostrar más que “las carencias interiores en el exterior”, pues no existe diferencia “última ni primera” entre “ambas realidades” que en realidad sólo son una. Un claro ejemplo de la utilidad de la ingeniería y tecnología son las muletas, tómese esta palabra en toda dimensión desde literal a metafórica como le sea posible, lo cual por otra parte puede hacerse con cualquier palabra, en este caso se usa muleta por parecer adecuada. Evidentemente las muletas son una herramienta muy útil y desgraciadamente necesaria en muchos casos, pero el hecho de que cada vez se usen más muletas no es algo deseable, al menos para una mente “en su sano juicio”, ni mucho menos que suponga o indique ningún progreso en el estado del ser humano, sino más bien un síntoma de que “su degradación” va en aumento. Claro que si su idea de progreso se cifra en producir dinero, se puede invertir en fabricar nuevos modelos de muletas, e incluso motivar a gente que no las necesita que las pruebe por comodidad, a poder ser con una obsolescencia gradual que permita un consumo continuo, hasta fabricar piernas robóticas, que pueden tanto resultar necesarias para mejorar la calidad de vida de algunas personas, hasta resultar “tan bien vendidas” que algunos decidan amputarse “para disfrutar de unas piernas mejores”, porque hay que esconder la ignorancia y la perversa inversión tras el justificante de “mejorar al ser humano”, como si este se midiera por alguna cantidad, que de ser así sería un “número inconmensurable” (Que en realidad no sería una cifra sino una “proporción o relación”, logos, Como tan bien explica Jaime Buighas) de esos que pone tan nerviosos a los ilustres, los positivistas, los racionalistas, y demás raleas que redujeron su nomenclatura a “número irracional”, porque por lo visto estos seres conciben que todo aquello que no es racional es irracional pero no especifican en que grado, es decir, la irracionalidad que se sitúa por encima de la racionalidad y por lo tanto la comprende o la irracionalidad que se sitúa por debajo y por lo tanto no comprende la racionalidad, no alcanza la racionalidad. Por ejemplo si distinguimos entre estado animal (irracional) y estado humano (racional), cabría reconocer que existe un estado “supra-racional”, siempre que la arrogancia moderna lo permita y precisamente no se lo quiera arrogar sin comprender, lo cual le sitúa en un estado todavía más peligroso. Y es que Descartes no “inventó la racionalidad ni la lógica”, sino que le pregunten a la madre de San Agustín, sino que más bien estableció un dique de contención porque esta cualidad ya estaba en declive. Siendo que en “la actualidad”, palabra que tanto gusta al moderno, cuesta distinguir en las mayorías entre ambos estados, animal irracional y animal racional o personas, hasta el punto que algunos animales despiertan más empatía en ciertas personas que otras personas, lo cual no es de extrañar al tiempo que indica cuanto menos una confusión importante. Confusión en la que tampoco es mi intención reincidir, aunque parezca haberme desviado del asunto, se hace necesario aclarar lo más brevemente posible la perspectiva desde la que uno se expresa. En este sentido retomando el hilo de la escritura a cerca de las escrituras, se apuntaba justamente al uso de estas como “muleta o soporte” para “mantener vivo” el conocimiento, trascendiendo la individualidad del ser humano y el paso de generaciones, es decir espacio y tiempo, y sirviendo de lago dónde guardar y recolectar las aguas de la fuente del conocimiento que se han vertido en él a través de “lo escuchado o revelado” (shruti) y “lo recordado o memorizado” (Smríti). Ahora bien, el agua estancada se pudre, o eso he escuchado, así que cabe entender que las escrituras son soportes, muletas, que como tales no “funcionan por si solas”, es decir, “no son un objeto que por si sólo contiene conocimiento”, sino que este se da en la medida que el sujeto “percibe o recoge”, “se relaciona” (logos) con dicho conocimiento, para lo cual no importa tanto el cuanto sino el como, como siempre la cualidad prima sobre la cantidad en lo que refiere al ser humano, así que más importante que la cantidad de lecturas será la cualidad de las mismas. Siendo así el estado del sujeto será el que “definirá” hasta que punto recibe el conocimiento y este estado, como tal es transitorio, y diríamos que siempre lo será pero estaríamos cayendo en una contradicción, pues si fuera para siempre no sería transitorio, lo cual resulta bastante revelador y al mismo tiempo liberador, especialmente en tiempos de oscuridad, dónde la ignorancia se vuelve peligrosa si no se reconoce, recordar que todo estado es transitorio puede tranquilizar (Especialmente si vives en España y concretamente en Cataluña). Dicha revelación, que no es más que un “darse cuenta de…”, como todo puede usarse como analgésico, allá cada cual. Pero al mismo tiempo, pueden darse de cuenta que también puede resultar aterrador.

– Entonces ¿todo es transitorio, temporal, efímero?

– Por supuesto que no se afirma eso, precisamente si hablamos de ser, todo es eterno, sencillamente porque lo que Es es y además no puede dejar de ser, precisamente lo que entendemos por “estar” es estar sujeto al ser (como la jerarquía verbal indica).

– Pero entonces ¿Soy o no soy? Esa es la cuestión.

– Claro que soy, aunque no lo vea claro es claro, pero si sólo soy ya no estoy y menos aún estoy a fuera de… y por lo tanto ya no existo, por lo tanto soy y puedo estar o no estar, por ejemplo, consciente de que soy el que soy y punto.

– Y eso ¿Como se hace?

– Pues la verdad, hacer, hacer, poco se puede hacer, aunque el “ego hacedor” se empeñe en ello, como decía Louis Cattiaux en El mensaje reencontrado “Piensan locamente que crean con sus manos, sin comprender que ni siquiera saben hacer manos.” Claro que 70 años después algunos siguen creyendo que sabrán hacerlas y hacerlas mejores que las manos a través de las cuales las hacen.

Hasta aquí se me ofrece escribir por ahora, sin haber previsto que escribiría esto, que en principio sólo quería ser una pequeña reflexión que acompañara el enlace que he presentado en mi anterior entrada a cerca de Unamuno y sus palabras de 1931 registradas en audio. Pero ha devenido en esta reflexión, o “darse cuenta” o sencillamente relación de ideas, que quizás parecerían carentes de una “conclusión”, que de hecho ya se anuncia en su título, la jerarquía del sonido y la luz. No se presenta aquí nada que no se sepa, ni se pretende cerrar con ninguna conclusión concreta. Sencillamente recordar aspectos de la jerarquía de la manifestación que olvidamos con facilidad.

Lo cual, nos puede servir por ejemplo, para darnos cuenta, observando lo mucho que se habla de la luz y la oscuridad, sobretodo por parte de aquellos que dicen seguir senderos espirituales, como si alguno no lo fuera, que parecen “odiar, rechazar o rehuir de la oscuridad”, mientras afirman que todo es luz, sobretodo en navidad (para los laicos sencillamente “las fiestas”), incluso que Dios es luz, perdón ¿Hemos oído bien? ¿Qué Dios es luz? Por supuesto si Dios es todo también es luz, pero acaso quienes apuntan, esto y quienes lo escuchan, entienden que ¿Dios es sólo luz? O que la luz es su aspecto “esencial” manifestado. Pues parece que dichos sujetos no recuerdan la jerarquía del verbo, no saben escuchar, no la entendieron, se tragaron una luciérnaga que todavía no han digerido, o sencillamente con tanta luz se han visto deslumbrados hasta cegarse en muchos casos, lo cual no priva de poder escuchar, es más, “perder un sentido” no implica perder su potencial y este puede verse manifestado en “otro sentido”. Por supuesto, no podemos obviar la moderna imposición impostora o impostura de la doctrina luciferina del Novus Ordo Seclorum, y sin darnos cuenta comprobamos que, “sin querer queriendo”, hemos desvelado , “una vez más”, “su intento paródico de invertir los principios”, que no hace más que añadir sufrimiento a la realidad de unos seres ya de por si sufrientes, que ante la inversión impuesta “desde sus élites” reclaman su autogobierno, el gobierno de la masa, su “democracia real”, queriendo situar la base en lo alto, lo cual es geométricamente imposible, o directamente obviar, derribar o aniquilar cualquier jerarquía, lo cual es manifiestamente imposible, pues de ser así no existiría la verticalidad, que precisamente es uno de los aspectos que distingue al ser humano del resto de seres que pisan la tierra. Dicho esto, por supuesto se comprende la postura del plebeyo, en la medida que uno también lo es, e incluso me parece totalmente legítima, tan legítima como infructuosa y tan “espontanea” como “controlada en todos sus movimientos”.

Recuerdo ahora el artículo de Ibn Asad “El Ritmo como Filosofía, La Música como Religión”.

Para terminar también recordar estas palabras del libro de Ibn Asad “Artículos para el Hatha Yoga”, concretamente cerrando en su capítulo el “sonido como percepción más sutil” … “En el “sonido” y las técnicas referidas como nada-yoga llegamos a una barrera que no osaremos pretender rebasar. Si escribir sobre Hatha-Yoga ya resulta engorroso, escribir sobre Raja-Yoga en un artículo de estas características resulta un imposible que no estamos por la labor de intentar. En este artículo hemos hablado sobre el “sonido”, pero el lector entenderá que no vamos a caer en el error de pretender hablar sobre el “silencio””

Quizás estos apuntes sirvan para acompañar lo ya dicho, pues nada nuevo podemos decir, así que, aunque sea por “un rato”, “ me toca callar y escuchar”.

Apareador

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