¿Dios existe? ¿Existe Dios? El DiosExit y sus grandes éxitos

El verbo es Dios, sí, así muchos predicaron el predicado, pero, ¿Y el sujeto? Pues evidentemente también es Dios. Si Dios es el que Es, es todo yo soy, como bien nos dijo por sí mismo en palabras de Jesús. Es indudable que Dios es, pero por lo visto en lugar de partir de éste evidente soporte o premisa, por simple incomprensión del Ser, la misa reduce todo a un debate de creencias, cuando la pregunta que se plantea ordinariamente ya plantea confusión en sí misma ¿Dios existe? O ¿Existe Dios? Bien, quizás se olvidó que Dios es, sencillamente por “incapacidad” de ser uno en sí mismo, al interpretar que la vida se reduce sólo a estar y además estar a fuera, es decir existir. Evidentemente no puede haber nada “a fuera” de Dios por lo tanto el planteamiento de la pregunta contiene el error que imposibilita la respuesta comprensible. A no ser que hablemos de un Dios algo enajenado, es decir que está a fuera de sí mismo.

Desde el punto de vista absoluto, infinito, eterno, nada existe, pues nada puede estar a fuera de sí mismo o a fuera del alcance de su poder. Ahora bien, si reducimos esa perspectiva del ser, infinito, imperecedero, inmutable y eterno, al estar, finito, perecedero, cambiante y efímero, y además elevamos el estar a la categoría de ser, entonces ya podemos caer en divagaciones confusas como hablar de ser o no ser, esa es la cuestión nacida de un planteamiento erróneo que supedita el ser a la dualidad mental, cuando en realidad el ser comprende la dualidad pues “forma parte” de su poder de “despliegue”, pero éste no se puede comprender desde la perspectiva limitada que supone dicha dualidad. Si a esto le sumamos la visión “espacial dual” entre dentro y fuera, ya podemos hablar de existir, estar a fuera de… Si bien este verbo no tiene ningún sentido sino se define de qué o dónde está fuera lo referido, es decir el propio verbo establece límites formales tanto temporales como espaciales que por definición no “afectan” al ser absoluto, omnipresente y omnipotente, que precisamente por su infinitud puede finitizarse en infinitas formas (espaciales) infinitas veces (temporales) pero que no deja ser lo que es.

Dicho esto, se comprende que cualquier forma de expresión se ve “sometida a la dualidad”, si bien no por ello debe serlo su contenido tanto en su expresión como en su comprensión. Por ejemplo, si hablamos de “existir”, es decir, “estar a fuera de”, resulta evidente que “para que algo exista primero debe ser y estar”, y que nada puede estar fuera de sí mismo aunque si puede estar fuera de “nuestra limitada capacidad de comprensión”, lo cual en este caso vendría a ser como reducir a Dios a una opinión. Lo qué no es extraño en estos tiempos dónde parece que todo vale, partiendo de la inversión, podríamos decir “simbólica”, por la cual en este caso se eleva la existencia por encima del ser, invirtiendo los papeles, al más puto, que no puro, estilo luciferino, según sus propios promotores, qué a través de esta grosera superchería se atreverán a definir lo que es, no es o deja de ser, a partir de lo que existe o deja de existir en sus mentes enajenadas, pues creen estar a fuera de no saben muy bien qué… Y desde esa desequilibrada perspectiva mental elaboran e imponen durante los últimos siglos toda una ciencia moderna, cual oda a la estupidez, que resultaría incluso una divertida parodia si no fuera porque su imposición tiránica a nivel global no ha sido fruto del descuidado juego de unos inocentes niños, sino de la perversidad exaltada por la debilidad de unos seres con voluntad de poder pero sin poder de voluntad, que en su arrogancia se “auto-engañan”, enfrentando a Dios a fuera de no se sabe dónde, para aniquilarlo en su ignorancia y suplantarlo en su soberbia. Manipulando y destruyendo continentes, estados, pueblos, familias y hasta lo más íntimo de cada individuo para crear su post-humanidad. Lo cual por otra parte es tan ridículo que va a fracasar en el instante que parezca culminar, de ahí que pretendan sostener un estado global secularizador, que por definición está condenado a su extinción, por aquello del existir que tanto les gusta. Por poner algún ejemplo tan grosero como determinante de la gravedad del asunto, pondremos alguno que nada tiene que ver con impresionantes estadísticas mundiales de niños desaparecidos, violados o asesinados, ni de los incontables suicidios que acontecen a diario, lo cual no sirve más que para alimentar el sistema alopático de resaltar y atacar los síntomas mientras la enfermedad sigue activa y productiva, dando beneficios a aquellos que se enriquecen del sufrimiento y que por lo tanto, se dedican a fomentarlo. Así que descartamos este método, no sólo por haber demostrado su falta evidente de resultados, pues cada día hay más individuos enfermos y por lo tanto medicados. Sino porque este método sólo sirve a “la enfermedad” y de paso sirve para crear clientes, en su búsqueda insaciable de enfermedades crónicas o como cronificar al enfermo paciente y también al impaciente. Trataré de poner algún ejemplo, que puede resultar tan extremadamente sencillo de ver como difícil de “transmitir”, incluso puede parecer sin importancia o relación alguna, si uno se queda en las palabras y sus términos en forma de definición. Tanto es así que cualquier ejemplo ya está dado, sólo hay que desarrollar el principio expuesto. Esto supone partir desde dicho principio y a través de su continua y amplia manifestación, discernir hasta dar un “ejemplo tangible y sólido” que vaya de lo dicho hasta el centro de cada uno y “a la inversa”. Por fortuna y también miseria, sobran ejemplos groseros e incluso pornográficos en el mundo moderno o ¿Ya post-moderno? Precisamente “tantos” que, por esa misma “cantidad aparente”, frente a la “división y disociación mental” implantada a todos y cada uno de los individuos de este “mundo globalizado”, ciega la posible visión del “error”, si no es por ejemplo en el ejercicio del arte de la geometría, que no es otro que el de “la razón” en virtud de “la relación” junto al discernimiento.

Podríamos enunciar el principio expuesto hasta ahora como: La inversión simbólica respecto a la “jerarquía cosmológica del verbo”, en su “despliegue”, los verbos, ser, estar y existir. Esta inversión consiste en situar el existir, en el origen, en lugar del ser, con lo cual transforma al ser reduciéndolo a “algo transitorio y mutable”, es decir manipulable, en este caso desde la existencia. De este modo se puede llegar a hacer creer al individuo, sus minorías y mayorías, cualquier “comando” por autodestructivo que parezca.

Me centraré tan sólo en una par de “leyes o principios modernos y post-modernos”. Estos son: “Partir de que todo es relativo y el relativismo absoluto” y “El flamante derecho a la autodeterminación y la ley degenerada de genero”. Ambos puntos parten o pueden partir de la inversión expuesta, y sin duda, no solo han separado, sino dividido y enfrentado e incluso han partido aquello de: “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”.

Llegados a este punto, mi opinión es que no hay religión que religue tal desmadre, y no se trata de un menosprecio a la religión, sino que sencillamente parece insuficiente como “herramienta”, aun así es bien reconocible que todas las religiones han sido necesariamente pervertidas y destruidas por el bien de la modernidad y el progreso, para presentar en su lugar, tras olvidar, renunciar, rechazar, menospreciar, negar y tratar de borrar del mapa cualquier resquicio de tradición, una “Nueva Era”, un “Nuevo Orden”, un “Nuevo templo” y en definitiva un “Nuevo hombre”. Observarán con facilidad el gran trabajo de-generaciones que ha realizado el marketing, que ha logrado invertir aquello de “más vale malo conocido que bueno por conocer”, hasta el punto de que la mente de la mayoría de individuos atribuye de manera automática atributos benevolentes y positivos a todo aquello que llama “nuevo o novedad”, basados en el evolucionismo zoológico progresista en base a la novedad de artefactos, creando una especie de carrera secular de burros dónde todos corren tras la zanahoria de “la innovación”, ya sea para “mejorar, estar a la última, progresar o simplemente porque está de moda”. Todo ello a partir de una arrogante falta de respeto por todo lo considerado “anterior, antiguo, viejo u obsoleto” bajo los parámetros de fabricación y producción, no manifestación ni creación, encaminados a imponer este proyecto secular y sofisticar progresivamente sus medidas de control, manipulación, deformación y destrucción del ser humano. Tras este pequeño apunte, seguiremos con los dos puntos señalados anteriormente:

En primer lugar, “el relativismo absoluto:” Es tan sencillo desmontar tal superchería que en ocasiones no se ve, precisamente porque el mismo enunciado del principio ya contiene su error. En este caso la afirmación del relativismo absoluto, ya supone una afirmación absoluta y por lo tanto se invalida a sí mismo como principio universal. De este modo podemos ver que ese supuesto relativismo absoluto, es completamente absolutista en cuanto a lo relativo. Lo cual no supone nada más que una parodia contra-intelectual, o lo que es lo mismo un sinónimo de inhumano. Esta parodia sirve tan sólo para disociar, dividir, calmar, acallar, autoengañar, silenciar u obviar la “autoconciencia”, que le permite a uno discernir o discriminar lo que está bien o está mal, correcto o incorrecto, conveniente o inconveniente. Lapidando así el proceso cognitivo natural del ser humano sometido a dicho principio, que sin conocimiento se desconoce a sí mismo y su voluntad, quedando todas sus acciones a expensas de “la inercia global” y abriendo las puertas a los demonios que practican la inmoralidad del todo vale, mientras éstos se visten de “seres de luz”, vestido que les proporciona su creído amo, que necesita “gran cantidad de fábricas de vestidos” para uniformar toda “su legión”, que además tratará y trata, parece que con éxito, de atribuirse una falsa supramoralidad desde dicha inmoralidad contra-intelectual postmoderna y absolutamente relativista para “crear nuevos hombres”, según sus propias palabras.

Hay factores anunciados y propagados por todas partes que contribuyen y han contribuido a ello generación tras degeneración en los últimos siglos. No voy a relatar aquí ninguna cronología histórica, ni son necesarios estudios académicos para entender nada de lo apuntado hasta ahora ni lo que está por venir. En este caso me refiero sencillamente a una de esas frases que seguro todos han escuchado, porque algunos la han propagado, y que se ha impuesto como uno de los principios del progreso por el “bien social del colectivo” por ejemplo. Esta frase no es otra que: “El fin justifica los medios”.

Empezaré por lo menos importante en este caso, mi opinión es que ni hay fin ni hay medios, sólo conocimiento, voluntad y acción. Acciones consecuentes en sí mismas cuyos frutos, ya sean valorados como positivos o negativos no nos pertenecen, lo cual no nos hace irresponsables de la acción en sí misma, precisamente en ella reside eso que los revolucionarios y progresistas llaman libertad, que no es más que la voluntad, en este caso aplicada a la supuesta existencia por los supuestos revolucionarios para implantar una idea de liberalismo que conduce al libertinaje. Observemos cualquier ejemplo práctico y cotidiano que se da a día de hoy respecto a lo dicho, lo cual se aprecia con claridad entre demócratas, salvacionistas, progresistas, evolucionistas, solidarios, pacificadores, que promueven, financian, estudian, implantan, anuncian e imponen innumerables “medidas”, “actuaciones”, “protocolos”, “leyes”, “normas”, “derechos”, “pautas”, “intervenciones”, etc… A toda la población mundial sin partir de ninguna autoridad verdadera como muestra la inversión simbólica apuntada, que ante la nula autoridad a la que está sujeta, sólo ha podido implantarse, inducirse, conducirse y sostenerse mediante el constante abuso de poder sobre dicha población.

Pongo un ejemplo cualquiera para ver esto de que “el fin justifica los medios”

Un hombre observa que en un pueblo existen diversos conflictos latentes que dificultan la armonía entre los plebeyos, que afrontan dichos conflictos compitiendo entre sí mismos, y decide que va a instaurar la paz en ese territorio. Hay que reconocer que se ha sido muy benevolente con el planteamiento del ejemplo, ya que suponemos que este hombre, en principio, conmovido por los conflictos de su pueblo quiere que haya paz institucional, lo cual le empuja a actuar, en principio sin ninguna “ansia de poder”, aunque este será implícitamente necesario para instaurar su idea o intención de paz.

Antes de seguir, sólo con lo dicho, ya podemos ver que este sujeto bienintencionado ya se ha apoderado del fruto “supuestamente consecuente” de una acción que todavía no ha realizado y que tan sólo es una idea en su mente, en este caso “instaurar la paz en el pueblo”, podríamos llamarlo un ideal abstracto reducido a su concepto de instauración de la paz. En este momento el sujeto establece que dicha idea o pensamiento es un fin a realizar, con lo cual sitúa su voluntad en lograr un fruto como resultado de “modificar un realidad existente”. Llevado por su intención, idea y “voluntad final o fruitiva” emprende las acciones que le sean necesarias para alcanzar dicho propósito. En cada una de esas acciones sólo está presente en él la voluntad de “modificar una realidad existente para lograr instaurar la paz”, sin importarle si cada una de las acciones realizadas en ese camino, en sí mismas son correctas o no, pues cualquier acción está previamente legitimada por su intención de implantar su ideal, con lo cual su mente disociada está abocada a una “futurible conquista” que le aparta de la posibilidad de “estar presente” en cada una de las acciones realizadas para lograr su finalidad, y de estarlo, éstas acciones no serán valoradas en sí mismas por desalmadas que puedan ser, pues el comando es claro: “el fin justifica los medios”, así que haga lo que haga y manipule lo que manipule es justo porque mi “idea final” es por “un bien para todos”, lo cual es imposible. Partiendo de una existencia de relativismo absoluto no se puede imponer un estado absoluto, es más, no se puede imponer un estado absoluto, porque el estado, referido siempre a la energía y la materia, se transforma continuamente en distintas formas de ser, en la ley inmutable del constante y continuo “cambio o transformación”.

A día de hoy resulta sencillo implantar estas inversiones y desarrollar tantas medidas como sean necesarias, gracias, precisamente, a esas mismas ideas que han desarrollado toda una ciencia moderna para alcanzar sofisticados métodos de control mental o de la psique e imponer sus medidas desde y hasta lo más íntimo de cada cual. Volviendo al ejemplo dado, como decía, este sujeto deberá realizar diversas acciones e implantar sólo las medidas que crea que le llevarán a lograr su finalidad. Precisamente a nivel terrenal se hace necesario concretar y por lo tanto establecer dichas medidas para la instauración de dicha paz bajo los parámetros y límites mentales de dicho sujeto. Observamos que este sujeto en principio quiere instaurar la paz en un pueblo, por lo tanto su voluntad está totalmente volcada “a fuera”, al control del mundo manifestado ante sus ojos, sin observar que precisamente éste, necesariamente es también fruto de su observación e interpretación y viceversa. Con lo cual pretende que manipulando “la existencia” “bajo los parámetros de su ciencia”, esta existencia se amolde a su idea totalmente volcada “a fuera”, sin hacerse cargo en ningún momento de sí mismo, y que ésta encaje aunque sea a la fuerza.

Es decir, por ejemplo en este caso: Si uno pretende instaurar la paz, es evidente que de algún modo ve, entiende, observa, siente, comprueba, que no hay paz. Con lo cual lo primero que uno puede cuestionarse es ¿Que es la paz?, de lo contrario ni siquiera sabe que pretende encontrar o lograr. En segundo lugar, si no hay paz esto puede ser debido a que verdaderamente no la hay o sencillamente yo no la veo, encuentro, siento o gozo de ella, y para discernir este punto es tan sencillo como darse cuenta que la paz no se puede fabricar, y que esta supuesta paz como “objeto ideal” es anterior y posterior a mi limitada “existencia terrenal”. Pero si yo no encuentro dicha paz en mi limitada existencia, quizás la confusión reside en mi reducida y limitada, visión, entendimiento, comprensión, sentir, puesto que si la paz es posible sencillamente es porque ésta es, lo cual supone el principio, y por lo tanto que la haya, es decir esté presente, en este caso medie en mí, que sería el medio, y que ésta se manifieste como existente, es decir esté, o se exprese, a fuera por “mi parte”, que sería el fin que coincide con el principio, la intención, es sencillamente una posibilidad que depende de lo que uno es y su poder de voluntad, conocimiento y acción, y sobretodo, cuyos frutos no nos pertenecen. En este caso, por ejemplo, si esta acción en forma de expresión es o no recibida de forma pacífica desde otros puntos de vista no depende “en última instancia” de mi forma de expresión. Evidentemente esta forma de expresión influye allá dónde sea recibida, pero ello no implica que sea recibida de una manera que yo pueda concretar, más allá de “concretar, según mi conocimiento y voluntad, mi acción en forma de expresión y lo demás Dios dirá, en este caso como será recibida esta expresión por parte de quien la reciba.

Volviendo al ejemplo, es evidente que para lograr la paz, si es que es posible, pasa, como todo en esta vida, por lo que ya dijo Gaudí asociado a la creatividad y sin saberlo yo mismo repetí hace años, esto es: “ser original, que no es otra cosa que volver al origen”, lo cual no sería tanto un “volver a…”, pues no hace falta ir a ningún lugar, como un “partir de…”. Es decir, el origen siempre es el que es y es el mismo, necesariamente uno, absoluto y único, ni siquiera es la unidad sino la no-dualidad de la que precisamente hay que partir, nunca mejor dicho, para empezar a apreciar “las partes” una vez sumergidos en la dualidad. Resulta evidente que lograr la paz o cualquier otro ideal en ningún momento puede depender de medios, medidas y fines existentes o existenciales, especialmente en nuestra “realidad globalizada”, que sitúa el techo de dicha existencia allá dónde reposan los pies del ser humano, sometiéndolo así a un estado que etimológicamente podríamos llamar infrahumano. El hecho de que los soterrados instintos y pulsiones, más bajos, y bajas, hayan tomado el gobierno del tejado, derribando la cognición, debería esclarecer ciertas mentes alienadas, rectilineas y reptilianas que hablan de extraños seres imaginarios, casualmente al estilo del imaginario de series como V y todo el género audiovisual fabricado por la ingeniería social para controlar, manipular, dirigir y destruir cognitiva y emocionalmente al ser humano, que lleva décadas monitorizado explícitamente en prácticamente todos los hogares y ahora ya está monitorizado desde su estado “fetal” hasta su estado “cadavérico”, en todas sus actividades, ya sean relacionadas con la sanidad, la educación, la administración, la formación, la justicia, el ocio, la comunicación, el entretenimiento, el empleo, las compras, los desplazamientos, hasta el monitor del tanatorio dónde cualquier despistado pueda ver en que sala se encuentra tu cadáver, eso sí, todo bien perfumado y maquillado hasta el más grosero detalle.

Respecto al ejemplo dado, podemos observar que nuestra realidad presente nos ofrece y ha ofrecido innumerables ejemplos groseros de lo dicho. Es tan fácil como que ese sujeto que pretende “imponer la paz en un pueblo”, puede acometer dicho fin, por ejemplo, matando a la mitad de la población, para lo cual existen cada vez métodos más silenciosos, higiénicos y que en general pasan desapercibidos. Éste suceso, sin duda amedranta a la otra mitad, “aún viva”, que quizás se mostraran ya no pacíficos, sino como pacifistas o directamente como dóciles sumisos o animales domésticos ante el tirano sujeto que les ha traído su paz, eso sí “por el bien común”, o mejor dicho hoy en día por el “bien colectivo”. De este modo el sujeto asesino se proclama pacificador en base a la pleitesía que le muestran aquellos que, digamos que no solo no tienen prisa por morir, sino que en muchos casos tienen tal miedo a morir que prefieren asesinar, autoinmolar, sacrificar su estado humano, es decir matarse o acabar con su condición terrenal y particular de ser, para “sobrevivir” en un estado infrahumano mientras “la implantación de paz” lo permita, lo cual precisamente muchos ya dan y dieron por hecho a nivel global con la caída del muro de Berlín, así que el ejemplo moderno de “implantar la paz” ya se logró gracias a los hippies, el amor y las drogas, mientras las guerras siguen de manera continua para garantizarla, eso sí, en forma de operaciones de paz, en dónde los cirujanos realizan el implante de la manera más “limpia” posible para no dañar la superficialidad con demasiadas manchas de sangre. Para la post-modernidad quizás sería más apropiado hablar de “implantar la felicidad”, para lo que los arquitectos y cirujanos encargados del implante cuentan con mucha bibliografía y sus comerciales del menudeo multinacional con innumerables fármacos analgésicos, tanto contra-intelectuales o pseudoespirituales, como infraemocionales o directamente tóxicos, tanto legales como ilegales.

Para terminar con este ejemplo, apuntaré brevemente el asunto de los medios y el fin, la acción y los frutos, “por partes”, lo cual implica asumir errores de expresión, que asumo ya que probablemente todas nuestras mentes han sido “educadas” abocadas a fragmentar y crear compartimentos, casillas y quizás esta expresión pueda resultar válida llegados a este punto.

En el caso de la perspectiva de la acción, esta no es otra que el abuso de poder, asesinando como ejemplo más grosero, y hacerlo además por el bien de todos, bueno, todos menos los muertos, llamémosles daños colaterales o digamos que eran peligrosos terroristas o delincuentes de cualquier tipo tipificado por la ley y queda resuelto. Los frutos, podrían ser considerados las víctimas de cada una de esas acciones. En cambio, si estos se enfocan y valoran sólo en función del contraste con el resultado esperado, este tampoco dependerá nunca en última instancia del actor. Ya que aunque este se apodere tiránicamente de las vidas restantes, y éstas puedan adoptar dicha implantación, ello no depende en primera y última instancia del actor, en este caso, sino que dependerá también de la reacción “del resto de actores”, que podría ser cualquiera, desde suicidarse todos y dejar al actor sólo con su paz y felicidad teórica y artificial, o delatarlo y atacarlo, exiliarse a otro pueblo, hacer negocios con él, lamerle los zapatos, reírle las gracias mientras el bazo y el hígado rezuman de rabia y un innumerable etcétera de posibilidades. En cuanto a los medios y el fin, en este caso el medio sería el abuso de poder en todas sus formas y el fin no es otro que el principio o intención, es decir controlar y manipular la existencia, en este caso implantar una idea de paz determinada en una población concreta bajo los parámetros del “actor o ejecutor”, que de buen seguro hoy en día encontrará estadísticas que avalen sus resultados.

Retomando el “hilo principal” y tras el “relativismo absoluto”, vamos ahora a centrarnos en la enajenada idea del derecho a la autodeterminación. Veremos cómo ello lleva a día de hoy, no sólo a que se crea en dicho derecho, sino que se imponga desde la educación primera y primaria la creencia de que un individuo determina su sexo años después de nacer, y vestir esto de libertad mientras se somete al inocente individuo a un adoctrinamiento invertido, es decir basado en la inversión de quienes caminan con la cabeza y piensan con los pies. Es decir, mientras siembran de dudas, inseguridades y mentiras las raíces del niño, con sus desequilibrios mentales elevados a filosofía de orinal, nos hablan de libre autodeterminación, cuando más bien hablan de automatismos mentales determinados. Cuando precisamente lo que se busca es “extirpar” esas raíces y base soberana y sólida para crear así individuos amorfos, débiles, moldeables, dóciles, disfuncionales, desequilibrados, etc… Que sirvan a los intereses de la voluntad de poder de una fuerza que podríamos definir como infrahumana, que precisamente pretende someter desde “más allá del límite inferior”, es decir la base y sus raíces, a todo ser viviente. Lo cual muestra por definición la verdadera incapacidad de gobierno de dicha fuerza.

Quizás no haya quedado suficientemente clara la “gravedad y profundidad” del asunto de la “autodeterminación”, y seguramente tampoco dependa de las veces que pueda insistir en ello. Aun así voy tratar de exponerlo de la manera más “llana y sencilla”, quizás la más potente y única. Ésta es enfocándolo directamente desde la perspectiva del yo. Es así de sencillo: Si yo creo que sólo es verdad, o en una categoría inferior que sólo es real, aquello que considero que existe, indiferentemente de lo que es, hasta el punto que lo que es o no es, desde este punto de vista, lo determina lo que existe o deja de existir, de este modo “lo que es” pasa a ser no sólo mutable sino manipulable por lo que existe, y si yo existo, mientras que Dios no, sólo yo desde mi limitada y determinada perspectiva individual determino lo que soy y lo que es en función de mi voluntad en forma de parecer, creencia, sentir, apetencia, deseo, debilidad, antojo, capricho o desviación. Con lo cual la perspectiva del ser, y lo que es, queda reducido a un aspecto transitorio totalmente manipulable al antojo de cualquier mentalidad y su particular imaginería, fantasía o repertorio de traumas. Eso sí, sólo de manera “!ilusoria” desde la perspectiva del absoluto. De este modo se explica que podamos encontrar con facilidad noticias de supuestos seres humanos que reclaman andar a cuatro patas o querer implantes de cola y pezuñas de caballo entre infinidad de ejemplos.

En el caso concreto del sexo, este hecho es muy evidente y grosero, incluso pornográfico. Yo soy hombre y eso es así y punto, lo que luego haga yo en mi intimidad y como lleve la polaridad masculino-femenina, es asunto mío. Pero si yo creo que sólo es aquello existe, y que al mismo tiempo todo puede ser, lo cual ya muestra una contradicción. Y existe, en este caso concreto, otro sexo, la mujer, en este caso dos sexos y sólo dos. Eso sí, junto a los cuales se dan determinados pareceres, creencias, sentires, apetencias, deseos, debilidades, antojos, caprichos o desviaciones. Entonces, yo puedo determinar ser lo que me apetezca en cada momento y existir como tal, e incluso imponerlo o reclamarlo como derecho a no se sabe muy bien quién. Porque yo primero existo y luego ya, si eso, voy determinando lo que soy o dejo de ser, es y deja de ser, en función del sentimiento, el interés, la comodidad o en general la enajenación pasajera de turno. Ejemplos tan groseros como que se acepte que en España se propaguen e impongan ideas, incluso en los colegios e institutos, por lo tanto formaciones obligatorias, de que hay que mutilar sexualmente a un porcentaje de seres humanos, lo cual además ya se practica de diversas maneras bajo infantiles pretextos. Hay conciencias tan liberadas que han llevado la estúpida, por falta de sentido, discusión a cerca del sexo de los ángeles a imponer la amorfidad sexual y con ella la corporal como forma necesariamente inframaterial, para lo cual es imprescindible vaciar o disociar el contenido, ya que la forma verdadera sencillamente viene dada por el contenido. Tan grosero como que no puede haber un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer o a la inversa, sencillamente porque no hay distinción hombre y mujer como condición sexual antes del cuerpo, así de sencillo. Lo cual es tan evidente, como que no hace falta liberar ninguna conciencia como venden algunos para darse cuenta de la burda mentira y el control mental al que está sometido el individuo que puede llegar a creerse, aceptar e incluso imponer tal estupidez.

Hasta tal punto se ha impuesto este “ideal luciferino”, que unos seres humanos que dicen ser fruto casual de una azarosa formación molecular, que evolucionó hasta sus tatarabuelos los monos, pasando por el eslabón perdido, que debe ser algún tornillo que andaba suelto en la cabeza de alguno, para después desarrollar la razón que les llevó a elaborar una ciencia empírica de “lo existente” y crear laboratorios “a fuera” para demostrar su origen según el teomonismo, que es la inversión del monoteísmo, y teorizar su derecho, demostrado científicamente y refrendado por sus mayorías, a autodeterminar que esta humanidad debe ser “transformada y mejorada” y en definitiva substituida por una nueva humanidad, “un nuevo hombre”, “una post-humanidad”. Por supuesto, todo ello, desde la perspectiva y parámetros de estos seres desalmados como encargados de distribuir los derechos y dictar las conveniencias del “bien común”, perdón, “colectivo”. Siendo así, cuando la supuesta y fraudulenta élite juega a ser Dios, sin considerar a Dios o considerándose superior, el pueblo llano, sufriente, carente de autoridad y acomodado en el doméstico abuso de poder, reclama el derecho a suicidarse, mutilarse, sodomizarse, ser una ameba, transformarse en gato, casarse con una rata, extirparse las glándulas sudoríparas para no sudar, ponerse un pene en la frente, para compensar cosmológicamente aquellos que otros se extirpan, o peor todavía, imponer colectivos que reclamen su derecho a la igualdad que ellos mismos han rechazado por su derecho a autodeterminarse de manera distintiva y desigual, distinción que debe ser sufragada por las instituciones de las que emana dicho derecho, es decir con el dinero-deuda de todos. Del mismo modo, aquellos que por poder ser padres creen poder determinar, como en una especie de videojuego, las características genéticas de un “no-nato” a su antojo y a día de hoy ya sin necesidad de padre, madre, ni siquiera útero materno, véase la ectogénesis. Lo cual les va a resultar más fácil de aprobar de lo que algunos creen, tan sólo hay que ver como se esta imponiendo la ideología de genero para crear colectivos que lo reclamen como derechos, al mismo tiempo que vemos la aprobación del aborto porque sí, porque yo lo valgo, puedo decidir institucionalmente, si una vida merece o no vivir, como si les perteneciera, al tiempo que faltaría ver si su comportamiento como hijos es coherente en vida respecto a sus padres y se han comportado de manera obediente ante sus amos, visto desde su propio punto de vista, si tus padres te dicen que te mates porque eres una puta carga pues te deberías matar y dar gracias que algo has vivido y no te mataron en el vientre, porque además tenían todo el derecho a hacerlo. Con todo esto, observamos que los transhumanistas ya han alcanzado a mayorías de individuos que se someten por si solos, y con ellos han logrado al mismo tiempo una “masa crítica”, como les gusta decir, o como dirían otros, ya “son legión”, suficiente para imponer su tiranía global de manera oficial y a los ojos de todos. Mientras algunos llevan décadas hablando de la implantación del chip en los seres humanos, ya vamos “completamente vestidos con ellos”, y cuando algo va mal es porque describe una trayectoria en la cual lo peor está por venir, aunque con la inversión que les caracteriza ya están empezando a “crear una masa crítica” que propaga, a través de propaganda, las miserables y mediocres grandezas de ponerse un chip. Sobre todo por lo cómodo que resulta que te controlen por control remoto, es más práctico y directo, no exige tantos trabajadores en el régimen, es higiénico, pues la violencia se aplica a través de un botón y no salpica sangre, es efectivo siempre y cuando no venga con obsolescencia programada como las baterías del móvil, y supones que será inteligente, como dicen en Media-Market (El mercado mediático), necesito inteligencia artificial porque yo no soy tonto, ¿Seguro que no? ¿Entonces porque pagas? ¿Por pereza? Y es que estos transhumanistas son tan maravillosos que desde su perspectiva de lo carente, defectuoso y débil que es el ser humano, unos humanos así de nefastos crean artefactos infalibles y superiores a “su creador”, lo cual les dignifica, pues al fin y al cabo eso creen ellos mismos respecto a “su creador”, si directamente no lo han matado ya.

En definitiva todo muy coherente dentro del marco psicopático, esquizofrénico, demente, enajenado, pueril, infantiloide, o directamente porque no decirlo, infrahumano. Lo cual no deja de ser paródico al tiempo que resulta devastador para la humanidad presente. Dicho esto, brindemos, Dios mediante, por el fin. ¡Chin-chin!

Epílogo

Soy consciente de que aquí se acaba de proponer un viaje que puede causar mareos, si es que tan siquiera ustedes han llegado a este punto. Esta es mi modesta manera de viajar, tratando de alcanzar “ese origen”, que necesariamente reside en el centro de todo, todos y cada uno. Se entenderá que dicho viaje desde “nuestra existencia superficial”, es decir desde el perímetro de la esfera, sólo pueda hacerse de manera radial, quizás la más directa y a la que quizás uno pueda apelar a través del potente lenguaje simbólico, metafórico o poético y también puede hacerse de manera espiral, lo cual “resulta más prosaico”. Si bien es cierto que el poder de irradiar reside en el centro y por tanto es en éste dónde reside el poder de “proyectar radios”, o rayos, directamente a puntos concretos de la superficie de la estfera, mientras que desde la superficie, uno, que siempre va girando y dando vueltas, puede empezar a “escarbar hacia el interior” y con voluntad, si vence la inercia, mientras sigue dando vueltas manteniendo dicha actitud, puede dirigirse al centro sin perder el hilo, para lo cual siempre ayuda tener “una Ariadna a mano”. Hasta aquí me alcanzan las palabras por ahora, para servirme y servirles, de ellas en este viaje.

Apéndice de última hora

Por alguna casualidad en la que no creo, justo antes de publicar este escrito me topo con un artículo de Fernando Sánchez Dragó a cerca de la existencia de Dios, así que me veo obligado a comentarlo y relacionarlo al final de este escrito como ejemplo de lo dicho.

Comentando el artículo “Sobre la existencia de Dios, ese invento de los hombres” de Fernando Sánchez Dragó.

La pregunta inicial ya desvela una curiosa mentalidad quirúrgica. Hablar de la intervención de Dios en el origen ya dificulta hablar en serio. Estaba Dios con la bata y el bisturí e hizo una intervención en un lugar llamado universo a un objeto llamado hombre, ¿o es sujeto?, pero si Dios es sin segundo no hay más sujeto, vaya lió ¿verdad? Ah! Y todo ello en un tiempo llamado origen. ¿Con figuras de barro o con probetas? Verdaderamente cómica la perspectiva, hay que tener mucha fe para creer en algo así. La perspectiva dual junto a la grosera mentalidad moderna resulta una fuente inagotable de parodias. En cuanto a verificar, hablar de ánima mundi lo hace parecer más verificable. ¿Valen las experiencias míticas, las místicas, las enteogénicas o las fenoménicas?, ¿Las teorías científicas, siendo teorías, no exigen creer?, ¿Sólo existen leyes físicas o es que no vemos las metafísicas?, ¿Toda la humanidad ha estado equivocada hasta que llegó la infalible arrogancia moderna?. En fin, sólo hablar de existencia ya plantea una confusión en la pregunta. Pero para evitar más censuras no me extenderé aquí, no quiero importunar más de lo debido, así que me voy por dónde he venido, al blog poesiamanifiesta, con mi respuesta Dios-Exit.

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Pueden contactar con el autor en el correo electrónico poesiamanifiesta@hotmail.com. Se agradecen críticas correctivas, es decir, que estaré encantado de atender cualquier crítica que señale errores a corregir. Se aceptan propuestas de trabajos escritos y/o presenciales, todas serán atendidas pero no necesariamente aceptadas. Mi cuenta pay-pal es poesiamanifiesta@hotmail.com o directamente en el enlace: http://www.paypal.me/Apareador, por si quieren donar para recibir mis libros y que sigan publicándose escritos totalmente abiertos y gratuitos en el blog https://poesiamanifiesta.wordpress.com/. En este enlace pueden ver mis libros: https://poesiamanifiesta.wordpress.com/libros-editados-en-pdf/ Añadan la nota o concepto Donación y el título del libro que quieren recibir en su correo de PayPal. Se agradece que lo hagan como familiar o amigo para evitar comisones. Un afectuoso Saludo, Apareador
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2 respuestas a ¿Dios existe? ¿Existe Dios? El DiosExit y sus grandes éxitos

  1. Pingback: ¿Dios existe? ¿Existe Dios? El DiosExit y sus grandes éxitos | MENADEL PSICOLOGÍA Clínica y Transpersonal Tradicional (Pneumatología)

  2. Hacedordelluvia dijo:

    Me alegro de que hayas vuelto

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