Dichos o refranes populares: “Más vale quedarse en casa” y “De fuera vendrán que de casa te echarán”.

Publico aquí los comentarios realizados en dos artículos del escritor Fernando Sánchez Dragó, en su blog Dragolandia.

Comentario aportado al artículo Más vale quedarse en casa de Fernando Sánchez Dragó

Estimado Sr. Dragó,

En primer lugar gracias por seguir escribiendo e invitando a ello.

Más vale quedarse en casa. ¿Quién no ha repetido varias veces esa Frase?… En el fondo todos lo sabemos pero parece que necesitamos verificarlo con cierta frecuencia.

Roma ¿Ciudad Eterna? Espero que no, lo cual valga para cualquier ciudad moderna. Quizás Roma que sabe mucho de invertir, en el sentido simbólico, empezando por su nombre, aspire, como una parodia más, a subsistir indefinidamente, pero la falacia cuantitativa no es más que eso, es decir mentira. No es lo mismo indefinido que infinito.

En cuanto al turismo fíjese que curioso el hecho de que por lo general exige sufrir las mismas supuestas comodidades allá donde vaya. Lo cual el proyecto homogeneizador global se encarga de ofertar e incluso imponer siempre a un condenatorio precio. Un ejemplo claro podrían ser los cruceros o los complejos turísticos, que son bien simples, con habitáculos incluso más claustrofóbicos que los pisos de las ciudades y que ofrecen para su “viaje” o encerrona una amplia gama de ofertas de consumo y entretenimiento exactamente igual que las que puede encontrar en cualquier ciudad, bar, gimnasio, casino, restaurante, piscina, cine, actuaciones musicales, tratamientos y terapias varias… Eso sí con la oportunidad de salir como ratas del barco u hormigas del complejo para poder ponerse tras una pantalla a fotografiar o gravar monumentos a nuestra ignorancia.

A todo ello muchos alegaran sólo ir a desconectar, si en especificar demasiado de qué exactamente y con previsión exacta de hasta cuánto dura esa desconexión, con lo cual sería más bien mantenerse en estado de pausa o standby. Otros dirán hacer una escapada sin dejar claro de que escapan exactamente, pero planeando por lo visto volverse dejar atrapar por ello. Incluso hay quién se atreve a declarar que lo practica para conocer, se observará que el turismo no implica necesariamente ningún proceso gnoseológico y peor aún, presenta en su lugar un volumen de información y datos que el turista se encargará de recoger, cargar y soportar para aparentar saber algo que demuestre lo enriquecedor de su viaje.

El turismo además de suponer un suculento negocio, supone ser una manera de invasión bastante sofisticada y con mucha demanda.

Apareador.

 

Comentario aportado al artículo Moros en la costa de Fernando Sánchez Dragó

Buenos días sr. Dragó,

Ha escogido usted un buen título, ya que justamente algunas comunidades costeras son las más agraciadas o desgraciadas, según se mire, en estas proporciones estadísticas de inmigrantes.

Por ejemplo en Catalunya, mi Comunidad natal, el número de inmigrantes marroquíes, según INE 2016, es de 210.000 mientras que en Madrid es de 86.000. Proporcionalmente la inmigración marroquí supone un 2,8% de población, mientras que en Madrid representan el 1,3% de la población. Con lo cual por multiplicidad puede estar seguro de que este hecho se da con mucha más frecuencia.

Aunque esto sólo son meras estadísticas, puedo asegurar en primera persona, como tantos otros semejantes, que la proporción de ayudas a inmigrantes es desmesurada respecto a la cantidad de población que representa, según la ONU el 12,75% del total, es decir 1 de cada 8 habitantes son inmigrantes, aunque en el reparto de ayudas este porcentaje se mueva entre el 40% y el 70% otorgadas a este 12,75% de la población. Téngase presente esta proporción cuando vean otras estadísticas, por ejemplo la mal llamada violencia de género.

Como decía, por ejemplo la primera vez que me marché de casa para vivir con mi mujer de alquiler éramos claramente beneficiarios de una de estas ayudas al alquiler y así se nos reconoció por parte de la mafiosa Generalitat de Catalunya, pero no alcanzaron las ayudas y por lo tanto nunca llegamos a recibir un sólo euro, de lo cual me alegro. En su día con los mismos listados ya pude ver que efectivamente más del 50% de las ayudas figuraban con NIE. Entonces decidí no solicitar nada más, incluso desaproveché la oportunidad de cobrar algo más de 400 euros al mes durante 33 meses en condición de “parado de larga duración” con una discapacidad superior al 33%, por fortuna siempre he sabido gestionar muy bien la pobreza familiar y la mía en particular ya que, como todo ser humano, cuento con otras fuentes de enriquecimiento menos vulgares que el dinero.

A partir de entonces me desentendí de toda posible ayuda institucional, lo cual ya despreciaba definitivamente desde que mi condición de discapacitado, desde hace 20 años, me hizo ver como triunfa el victimismo social y cuantos chupópteros malviven de él, lo cual ya intuía desde los 8 añitos cuando fui operado a corazón abierto y recibí más regalos que cualquier día 6 de enero. Pero hace unos años llegué a una ermita, en la que anteriormente vivía una monja a la que por lo visto le entregaban comida de vez en cuando desde la Parroquia del pueblo. Así que las amables mujeres de la Parroquia al ver que la ermita estaba nuevamente habitada nos hicieron entrega de alguna comida en 3 ocasiones, si puede llamarse así el producto industrial que se consume a diario, de la cual, por cierto, repartíamos gran parte a algún familiar o amigo que pudiera necesitar. Nosotros no pedimos nada y aunque me costó aceptarlo, de ahí que diéramos la mitad de lo que se nos daba, finalmente lo acepte como algo no buscado, como fruto de la “providencia”.  El inconveniente surgió, cuando en la tercera entrega de comida que nos hicieron, al marchar nos dijeron que deberíamos pedir cita con la asistente social del ayuntamiento porque por motivos administrativos les pedían una autorización de dicha persona para poder entregar comida. En ese instante mi reacción fue responder que de ser así no era necesario que nos dieran más comida que nosotros tampoco habíamos pedido en ningún momento, pero la mujer nos indicó que ellas se habían visto en el deber de registrar lo que ya nos habían dado anteriormente y que si no existía ese documento no podrían justificarlo frente a las organizaciones que la suministraban (Caritas, Cruz Roja, U.E….) y les pedirían explicaciones. En este punto ya no había discusión acerca de la necesidad del documento y la curiosidad por ver que había detrás de tanto trámite administrativo  nos llevó a personarnos delante de la asistenta todopoderosa. Recuerdo con claridad algunos comentarios y gestos clave de cómo se evaluó la situación: En primer lugar sólo vernos, por las caras, ropas y cruzar el saludo de “Bon día”, ya se nos dio en toda la frente con un no sé qué hacen dos personas como vosotros aquí, lo cual en parte yo también pensaba pero no desde la misma perspectiva. Explicamos que éramos los “nuevos” ermitaños que se nos había cedido la vivienda de la ermita a cambio de comprometernos a dormir allí cada día, cuidar y limpiar el interior y el entorno y colaborar en la organización de las actividades que la asociación de vecinos que la gestionaba realizaba en ella. Por lo demás un repaso a nuestra experiencia laboral y que estábamos los dos sin ningún tipo de ingreso, ni coche y por supuesto sin ninguna propiedad. Situaciones objetivas más que suficientes para que nos diera el famoso papelito, que según las señoras de la Parroquia iba a ser un mero trámite sin menor importancia. Pero parece que a la asistenta algo no le parecía bien, no le encajaba o sencillamente tenía un mal día. Quizás le molestó la serenidad y falta de victimismo con la que se le respondió o que se le dijera honestamente a la cara que nosotros no habíamos pedido esto, pero necesitábamos pasar por ese trámite porque las mujeres de la parroquia necesitaban el puñetero documento. Sea como fuere, recibimos una cantidad de preguntas y también reacciones por su parte que, especialmente con el sentimentalismo, buenismo y la corrección política que se estilan hoy, resultarían muy violentos para cualquier colectivo desfavorecido como ellos mismos lo llaman. Por ejemplo:

– ¿Vosotros no tenéis padres?

-Sí, por fortuna todavía viven.

– Y ¿No os ayudan?

– Sí en la medida que sus capacidades lo permiten, como nosotros a ellos.

– Entonces, ¿Tu padre te compra los calzoncillos? (Buenísima pregunta, en mi familia todavía nos reímos hoy)

– Pues verá, eso no ha sucedido nunca ni creo que suceda, porque en todo caso sería mi madre quién los compraría, incluso los de mi padre, como mucho y por casualidad él podría acompañarla. En todo caso desde que yo gané mi primer dinero me he hecho cargo de mi ropa, salvo algún regalo puntal y sin necesidad de comprar demasiada.

– Es que si pueden daros de comer no veo porque marcháis de su casa y que hacéis aquí.

– Pues también es verdad, yo no puedo convencerla de que necesitamos ese papel, ni voy a explicarle aquí nuestros dramas familiares que los hay como en todas las casas. Sencillamente le repito que desde la parroquia se nos ha hecho venir porque según nuestra situación era un mero trámite que usted nos hiciera un papel pero si considera que no debe hacerlo no lo haga.

Obviamente fue una tortura mucho más larga a la que tampoco quiero someter a nadie más, aunque sea de manera virtual. Por mi parte no tengo nada que reprochar, incluso me parece bien, sólo dudo de que a todo el mundo que entra allí se le trate con el mismo prisma, que ya digo no me parece mal. Pero de ser así, ¿Debo pensar que a todo inmigrante lo primero que se hace al llegar es invitarle a que vuelva a su casa si tiene algún familiar?

Por mi parte me negué a someterme más a ese suplicio de suplicas al que por lo visto mi organismo no se adapta bien y tras comentar como nos había ido con quién debíamos comentarlo, les dieron el puñetero papelito a posteriori. En cuanto a quienes recibían esa comida pude constatar en persona, que en esos momentos, ya que las ayudas varían, recibían comida 14 casas, de las cuales 2 eran familias nacionales, 6 marroquíes,  2 sudamericanas, 2 africanas y 2 de Europa del Este.

Por supuesto, en última instancia esto no son más que datos circunstanciales y si se observa con más amplitud se verá que actualmente todos los seres humanos estamos sometidos a una guerra que habita en lo personal y más íntimo de cada uno. Sin duda interesada, financiada y promovida por quienes creen beneficiarse del sufrimiento del ser humano. Por lo tanto su alcance va más allá de cualquier sexo, religión, raza, nacionalidad, ideología…

Hasta otra sr. Dragó!

Apareador

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