La Violencia de-Genera

*Empezamos por dónde el academicismo suele acabar, es decir, por eso que se ha hecho llamar bibliografía.  Al respecto de la cual y en términos generales ya publiqué un apartado en el blog poesía manifiesta. Evidentemente los textos “sagrados”, tanto Vedas, como del Islam, Budistas, Cristianos, tántricos, hebreos y demás son una herencia al alcance de cualquiera que así lo considere y sea capaz de romper con el mito de la mitología y la leyenda de lo legendario al tiempo que pueda elevar nuestra grosera concepción materialista evidenciada en la concepción literal al leer, siempre teniendo en cuenta que accediendo a ellos a través de traducciones muy posteriores a su escritura, éstas están sujetas a la mentalidad y lenguaje del traductor, lo cual resulta más peligroso de lo que puede parecer. Tenemos claro que la Tradición se sitúa en un punto de vista que está por “encima de nuestras perspectivas individuales”, que “nos precede, acompaña y nos sobrevivirá”, por lo tanto es de justicia mencionarla al principio. Por lo demás, concretamente en este caso, más que una nota bibliográfica queremos agradecer en general toda la obra de Rene Guénon por ayudarnos a comprender la importancia de la mentalidad con la que se afronta “la verdad” y “el símbolo”.  También un guiño a Julius Evola cuya obra hemos empezado a estudiar. Por último si hubiera que mencionar citas no terminaría ya que nada nuevo se encontrará en mis escritos más allá del inevitable enfoque personal que haya en él y que está siempre sujeto a la posibilidad de error y “al cambio”. Dicho esto, en este escrito nos encontramos con el deber de destacar la obra de Ibn Asad, toda ella, especialmente su trilogía y más concretamente La Rueda de los Cuatro Brazos. Libro, del que nos hemos tomado la confianza de añadir  directamente fragmentos, que en este caso son precisamente los que nos sirven de soporte para este escrito. Estos fragmentos son principalmente los rasgos morfo-simbólicos y la ritualistca de cada Ciclo, así como en general todos los “datos” tradicionales que Ibn Asad se encargó de recoger en su libro que no son otros que nuestros libros, de todos. Desde aquí, una vez más, muchas gracias a todos, especialmente a ti Ibn Asad.

Hablar con carácter universal es siempre algo complicado para un ser humano como expresión individual, especialmente para uno crepuscular como nos, por ello apelo al legado que nos ha sido dado desde el principio y su inmutable ley por la que tantos hermanos han entregado, entregan y entregarán su vida con sabiduría, honradez y valentía, a los que sólo podemos estar agradecidos por la gracia trasmitida, incluso en estos tiempos dónde la desgracia y los desgraciados parecen reinar de manera absoluta. Más complicado resulta si tratamos de hablar acerca de un asunto tan conflictivo de por si como la violencia, ya que estaremos de acuerdo en que ésta siempre aparece estrechamente ligada al conflicto, el dolor y el sufrimiento, como cualquier aspecto existencial que siempre estará estrechamente ligado a “realidades indeseables”, presentes desde el instante en que el deseo se manifiesta.

La Tradición nos dice que actualmente estamos en el Ciclo del Oeste, Edad de Hierro o Kali-yuga: “La Era” de la oscuridad, del conflicto, de la ignorancia. Siendo así entendemos sin lugar a duda que a medida que nos precipitamos al fin de dicho ciclo, la realidad circunstancial del ser humano resultará necesariamente cada vez “más violenta”. Hecho constatable con relativa facilidad en la actualidad, especialmente si uno no está totalmente atrapado en la violenta y analgésica esquizofrenia de las ideas modernas de evolución, progreso y moralina producto del espíritu contra-tradicional que trata de imponer, aparentemente con éxito, la modernidad, impulsada por una fuerza infrahumana que, situada por debajo del límite inferior de lo humano, aprovecha la inercia de la tendencia descendiente de toda manifestación para tratar de estancar al ser humano en un estado que no le corresponde, pero que resulta necesario, aunque no por ello menos deseable, para dar fin a esta misma degradación de forma definitiva para la presente humanidad. Puntualizamos así que además nos encontramos en las fases postreras de dicho ciclo, que resulta ser el último de la actual manifestación humana o manvantara. Con todo lo dicho nos hacemos cargo de dicha dificultad y asumimos los errores que podamos cometer sin que esto nos prive de cumplir con nuestro deber en la medida de lo posible. Desde aquí sólo podemos tratar de expresar, desde nuestra limitada concepción y posición individual, un conocimiento que nos sobrepasa o trasciende, por lo tanto resulta ser lo único que posibilita un verdadero entendimiento al situarse por encima de nuestras modestas perspectivas individuales. Queda claro que siempre será nuestro origen, lo esencial, primordial o más elevado lo que nos une irremediablemente, o mejor dicho no nos muestra por separado. Evidentemente el entendimiento entre individuos debe darse siempre por encima de las perspectivas individuales, de lo contrario no existe entendimiento posible. Pues dicha aparente “separación” no es más ni menos  que nuestra perspectiva como individuos de la potente, maravillosa y portentosa manifestación de la multiplicidad diversa de un único principio no-dual o metafísico si se prefiere, cuya manifestación de sí misma, “necesariamente dual”, queda sujeta a la degradación natural de toda manifestación, en estados cada vez “más densos”, se muestra aparentemente fragmentado, dividido al tiempo que multiplica su diversidad de formas de expresión. Obviamente dicho proceso queda sometido a la aceleración de un descenso cada vez más acusado por la propia inercia de una materialización cada vez más pesada, densa y en definitiva grosera, hasta el punto de aparente pérdida de vinculación con su principio metafísico que quedará de esta manera oculto o velado a la mirada y comprensión del ser humano, o lo que quede de él como hombre occidental, cuya civilización se sitúa precisamente allá dónde se pone el sol naciente, por tanto también “muriente”, del ciclo anterior, que pasa a ocultarse para occidente, siendo representado por el sol negro bajo tierra. Nos resulta inevitable pensar en la adoración moderna por el petróleo y su relación fósil con el sol y, especialmente, del “uso” que se hace de dicha relación, pero reconocemos no estar capacitados para desarrollar dicha idea, al menos en lo que nos ocupa. Que no es otra cosa que sencillamente recordar, algo que la estrecha mentalidad moderna parece no poder asimilar, y es que la manifestación humana resulta ser una “caída” de lo divino a lo “terreno” e incluso “infraterreno” y supongo que entenderán que toda caída puede resultar violenta. Esta sencilla comprensión es contraria a la concepción moderna cuya mentalidad ha sido invertida desde “lo simbólico”, que con tanto desdén trata el vulgo, pasando así inadvertida a un más que diezmado pueblo, que parece no sólo haber saciado su sed, sino incluso haberla olvidado por completo ante la borrachera ofrecida por las macabras ideas de progreso y evolución de un estado celular a un estado animal, de éste a un animal racional o pensante, de éste a un estado animal mecanizado, pasando por un estado automatizado, para acabar en un estado bestial animado virtualmente que anuncian como post-humano (Lo cual, lo vean o no, ya nos indica la cercanía del fin y lo postrero de nuestro estado actual). Un origen y periplo evolutivo no reconocido ni concebido antes del S.XIX por ninguna expresión tradicional que así pueda ser llamada, y que por lo tanto resulta ser una pequeña anomalía desdeñable desde el punto de vista de la grandeza de la manifestación humana. Simultáneamente no deja de ser la que nos ocupa en la medida en la que estamos inmersos en ella como individuos y por lo tanto es una realidad, que, aunque se conciba como ilusoria o relativa respecto al principio inmutable, no deja de ser indeseable, y con esa “indeseabilidad” nos toca convivir y lo que resulta más difícil “actuar”, lo cual dificulta enormemente, incluso imposibilita directamente en muchos casos, la manifestación de nuestra naturaleza gozosa, ananda, agape, ¿Les parece violenta esta imposición moderna? A la que por cierto las “mayorías y minorías” no sólo rinden culto pagando diezmo, tributo o impuesto sino que imponen, como buen rebaño, que nadie se salga de esta línea enfermiza. Y si alguna oveja descarriada lo logra, siempre quedan los perros para amedrentar a dicha oveja o incluso devorarla si su amo lo estima necesario.

Esta impostura es impulsada desde una multitud indefinida de factores polarizados que no podemos ni tan sólo enunciar aquí, salvo alguno que consideramos esencial y ya hemos apuntado, pero que si se desarrollan, observando la inercia de dicho impulso, se comprobará que afectan como condicionantes que limitan la mentalidad del ciudadano moderno, afectando a la propia concepción de sí mismo como ser humano, lo cual se traduce en infinidad de comportamientos que el mismo ciudadano concibe como anti-naturales mientras cree evolucionar bajo “la ley de las especies y su selección natural” y habla de progreso o crecimiento ya sea en lo personal, social, económico o cualquier otro plano de su encefalograma, enajenándose así de su propia naturaleza y origen supranatural, incluso oponiéndose a ella y en el olvido de sí mismo lanzarse a un proceso inconsciente de autodestrucción. Esta nefasta realidad viene dada porque lo anti-natural es el orden contra-intelectual impuesto en la actualidad. Puntualizamos aquí que, intelectual es para nos prácticamente sinónimo de espiritual, no la reducida capacidad de entendimiento del racionalismo y peores concepciones que el moderno da a la capacidad intelectual, cuando se atreven a hablar de inteligencia emocional o incluso inteligencia artificial. Lo cual resulta por definición un imposible, una burda mentira que no tiene nada de inocente y que resulta necesaria para que ésta, la mentira, crea reinar por un efímero instante dónde nunca ha tenido, tiene ni tendrá su lugar. Entendemos la inteligencia como la capacidad y condición humana más elevada y que por lo tanto ya entra en contacto con lo no-humano por el límite superior de nuestra condición, es decir lo supra-humano que es dónde reside el único y verdadero conocimiento, primordial, inmutable, imperecedero, es decir, todo lo contrario de lo que representa para el ser humano la información, efímera, cuantificable, dispersa, diversa, falsificable y cuya unidad no es más que el extraño concepto de dato, que además se puede altear, manipular, medir, cuantificar y / o copiar… Y que no supone ningún soporte con contenido gnoseológico, sino todo lo contrario. La moderna información se sitúa en el extremo espacial contrario al conocimiento, por lo tanto es solo a través del límite inferior de nuestra condición humana como tenemos acceso a ella, es decir a través de lo infrahumano. Lo cual se puede comprender hasta el punto de tratar de exponerlo en limitadas palabras escritas y muestra descaradamente como se nos trata de imponer un orden contra-intelectual que incapacite al ser humano para ser eso mismo, ser humano, ¿Este hecho les parece suficientemente violento para todos y cada uno de los seres humanos? Entendemos desde aquí que este “simple” hecho imposibilita que nadie, que se considere ser humano y ejerza como tal, pueda hoy vivir en paz y todavía menos declararse pacifista, que sería algo así como renegar de su propia naturaleza. Dado que esta imposición a la que se nos pretende someter no es más que una maliciosa falacia, una superchería pretenciosa, en verdad no es posible. Siendo así, ¿Cómo es posible “hacerla posible”? Pues de la única que puede valerse la mentira, es decir, ilusiones, espejismos, trucos de magia, que sólo pueden resultar efectivas si el sometido a dicha ilusión es susceptible de ser “hechizado”, por ejemplo mostrándose cómo actor inerte y espectador pasivo. Ante la imposibilidad de invertir los principios, resulta infinitamente más fácil someter al espectador a un escenario secular de oscuridad, conflicto y terror y a unas medidas de control y manipulación que superan cualquier expectativa tiránica conocida por la humanidad, ¿Les parece éste, un escenario suficientemente violento?

Esto es así precisamente porque la humanidad se ve enfrentada a algo que desconoce, en este caso por su límite inferior y que, según todas las tradiciones se proclamará rey del mundo justo antes de que su reino se derrumbe (Abro paréntesis para un apunte sin la menor importancia, pues sólo es una apunte personal que incluso puede ser fruto de una imaginación inquieta por alinearse con el sentido de verdad que aporta la especulación intelectual. En los últimos años se vive una situación política en Cataluña, que llevó a un personaje llamando Puigdemont, o “Puig-Demond” apoyado en su “Forca”, a proclamar una república catalana que oficialmente duró segundos. Como se puede comprobar los ensayos y prácticas ilusionistas de control y manipulación han logrado qué una masa inerte formada por individuos fanáticos crean vivir en algo y por algo que no existe, incluso anunciado por su propio líder, si es que un personaje tan cobarde merece ser llamado así. Por supuesto no buscamos analogías ni paralelismo que resultarán siempre inadecuados, y no referimos a estos títeres como reyes de nada, pero por mera curiosidad gatuna parece interesante señalar que lo que parecen profecías supersticiosas y lejanas, pueden resultar potentes ciencias tradicionales, más actuales y menos descabelladas de lo que el ciudadano medio, de mediocre, puede ni si quiera concebir más allá de imaginerías que desde aquí no queremos alentar. Este ha sido sólo un apunte como muestra de que lo que resulta evidente cuando uno es invidente no es evidente y ni siquiera es una verdad relativa en muchos casos, aunque una enorme masa de ciudadanos informados defienda lo contrario.).

Con esto parecería que nos hemos desviado del asunto a tratar, pero se hace tan necesario como difícil, por no decir imposible, contextualizar desde que perspectiva se expresa lo dicho y lo que está por decir. Nunca serán suficientes los apuntes, aclaraciones y contextualizaciones que podamos emitir, sabiendo que tratamos de caminar sobre unas arenas movedizas desmesuradamente hambrientas cuya voracidad trata de engullirnos a cada palabra. Es por eso que para pasar ligero uno se ve en el deber de airear ciertas palabras, multitud hoy en día, mutiladas por la concepción y mentalidad modernas y que pueden resultar grilletes a los cuales no nos vamos a quedar sujetos, por mucho que dicha mentalidad sólo perciba pesadez desde su materializada y solidificada perspectiva. Se identifica esa pesadez en uno mismo y se asume la carga de resultar pesado, por ello es mejor no tratar de retener lo dicho aquí, de manera que no ejerza peso sobre la mente. Si lo dicho fuese madera quizás sería mejor quemarla y dejar ir el humo por la chimenea en dirección vertical ascendente mientras las ligeras cenizas reposan esperando mezclarse con el viento, el agua y la tierra. Así que aconsejamos no otorgar más gravedad de la necesaria a lo dicho, como he escuchado desde pequeño: todo cae por su propio peso.

Yo me pregunto si algo de lo dicho hasta ahora puede haber resultado violento en la percepción de algunos, parece obvio que ante la aparente multitud de sensibilidades latentes hoy en día basadas todas en un desbocado sentimentalismo que no es lo mismo que lo sensible y su percepción, podría darse el caso, sin duda en última instancia ni tan siquiera depende de nos que así sea. Aunque por nuestra parte no existe una intención de “atacar” a nadie en ningún momento, uno comprende que afrontar el mundo moderno resulta violento,  como ya se ha expuesto, lo cual compartimos, pero no es desde aquí precisamente desde dónde se propone, impulsa y financia dicha violencia. No está en nuestras manos que quién acceda a estas palabras sepa discernir lo dicho. Sabemos que además, por lo general no apetece afrontar ciertas obviedades, y sabemos que el apetito, basado en un extraño sentido del gusto, resulta ser uno de los motores de acción más “usados” en la actualidad. Aclarado este punto, podemos comprobar algo evidente, y es que la violencia como toda manifestación puede limitarse a lo sutil o extenderse a lo grosero, ambos estados, “sensible” y “físico o material”, ya dentro de lo que entendemos física elemental pues ambos son “puntos de vista o aspectos” de una misma manifestación.

Dicho todo esto, trataremos de puntualizar de la manera menos inexacta posible el hecho de que la violencia, que ya hemos visto que en cierto modo está ligada a la propia existencia, en su manifestación se degrada, tanto en su contenido como sus formas, que en verdad no sólo son indivisibles sino que son una misma cosa, y se degrada por lo que desde nuestra perspectiva podemos llamar el simple paso del tiempo, lo cual en el aspecto físico conlleva una mayor materialización, que la hace más evidente, pesada y por lo tanto sufrida, al mismo tiempo que se muestra en una multiplicidad de formas cada vez mayor, lo cual dificulta la “percepción de unidad” al tiempo que invita a contemplar la infinita potencialidad de la misma. Para poder puntualizar ciertos aspectos de esta “degradación en el paso del tiempo” sólo podemos valernos del simbolismo tradicional y en este caso el más apropiado para encuadrar dicho aspecto temporal parece ser el cuaternario, el 4. Cuyo soporte simbólico reposa en La Rueda de los Cuatro Brazos. Siendo así debemos mencionar estas 4 “etapas”, evidentemente asociadas a las cuatro edades o ciclos de nuestra presente humanidad, trataremos de ir una por una aunque la simultaneidad verdadera nos lleve continuamente a “entremezclar” las anteriores con el momento presente, es decir la cuarta edad, lo cual es conveniente en el sentido de tratar de comprender que no se trata de una secuencia a modo lineal como todas las que dibuja la mentalidad moderna en su encefalograma plano, sino paradójicamente “simultanea”.

La primera Edad del ser humano actual, por lo tanto primordial y “más cercana a la esencia inmutable”, es La Edad de Oro, El Satya Yuga o Ciclo del Norte. En la cual sabemos que, según todas las expresiones tradicionales conocidas, el ser humano se manifiesta en plena armonía con la divinidad bajo un sol inmóvil. En un estado tan puro que no conoce polarización en su principio. Tanto es así que ni tan si quiera sexo se le puede atribuir a dicho seres humanos (Hamsa) que son considerados Andrógenos. Lo cual puede resultar chocante pues en esa plenitud gozosa parece que el sexo, al menos de manera polarizada y menos todavía entendido desde la mentalidad moderna, no está manifestado en la condición individual de los seres humanos. Lo cual, aunque difícil de entender y exponer de manera racional, resulta evidente que debe ser así ya que el principio gozoso como tal sólo puede ser no-dual. Comprendemos así que quizás no podemos entender ese gozo desde una mentalidad moderna, ni tan si quiera clásica como ya evidenciaron los Griegos (Abrimos un paréntesis para destacar el uso fraudulento, moralista e inmundo que ha hecho la supuesta institución católica de dicho conocimiento). Dicho esto tomamos y damos nota de lo ineficaz e incluso peligrosa que resulta la imaginación como función mental para desentrañar misterios que nunca se dejarán asir por imaginerías particulares o colectivas, que sólo resultan ser la expresión múltiple de lo particular, sin partir de ningún principio metafísico y por lo tanto se reducen al campo experiencial o peor aún fenoménico. Dado que reconocemos que a veces la mente parece “actuar por su cuenta”, es decir es llevada por la inercia y tratará de reducir lo dicho a una concepción materialista, insistimos en los problemas que dicha concepción acarrea, pues siempre estará sujeta al error perceptivo. Daremos sólo un dato dónde pueden observar lo dicho: Se dice que los seres humano de la Edad de oro son hombres “sin huesos” o en otras formas de expresión, de “huesos de cristal”, de “huesos invisibles” o “huesos débiles”. Lo cual enunciamos en presente, pues se sabe de la inmortalidad y capacidad de dichos ancestros para ocultarse y nos muestra hasta qué punto resulta difícil hacerse una idea concreta tan si quiera de su anatomía, lo cual por otra parte resulta irrelevante. En este punto, que sirve de transición para pasar al segundo “estadio”, debemos reconocer nuestro desconocimiento a cerca de la capacidad recreadora, o reproductiva para el moderno, de dichos seres. Pero si sabemos que de algún modo se “truncó” ese estado primordial, evidentemente expuesto desde su manifestación a una degradación natural, y que uno de los puntos que se señalan en el fin de este primer ciclo, que no el causante, pues necesariamente las causas se situarían en un orden superior al físico, es decir el metafísico, fue el hecho de que algunos de estos seres humanos primordiales se “mezclaron” con especies del sur dando lugar a humanos “híbridos” y degradados de su cualidad primordial. Este descenso hacía el Sur, impulsado por una degradación, está claramente ejemplificado con el símbolo de “la caída” judeocristiana, mucho más allá de cualquier interpretación moralista y pecaminosa que haga cualquier institución, por religiosa o católica que se declare en su propia blasfemia, y también del adoctrinamiento sin doctrina por parte de cualquier falseado sacerdote meapilas convertido en mercader.

Los rasgos morfo-simbólicos unánimes del Ciclo del Norte son: La montaña, la isla o las rocas en el agua como símbolo de estabilidad. La estrella polar / sol inmóvil como rasgo de inmutabilidad  luminosidad y el Oro como expresión del esplendor y la gloria.

Antes de seguir quiero invitar a parar y observar que, en honor a la verdad  y reconocimiento de nuestra ignorancia, debemos reconocer y expresar, sobretodo en vistas de nuestro presente, que el ser humano primordial se manifiesta individualmente sin polaridad complementaria más allá de su “relación con la divinidad”, ni mucho menos dualidad, en su condición sexual, y que sin ningún género de dudas el supuesto género de los modernos y su progreso, no es más que un grosero invento de la fuerza infrahumana que precisamente trata como género al ser humano crepuscular. En cuanto al aspecto indeseable que nos ocupa, es decir, la violencia, podemos observar que en el principio no-dual no hay conflicto, pero cualquier manifestación supone, por su propio proceso cosmológico, una necesaria “polaridad” desde que existe una determinación del principio, por ejemplo para conocerse a sí mismo. Esta “polaridad primordial” puede expresarse como Purusha y Prakrti, Shiva y Shakti, Centro y Circunferencia, motor inmóvil / esencia y substancia. Lo cual en su principio no aparenta representar ningún “conflicto manifiesto”, pero dicho proceso contiene potencialmente dicho “conflicto” desde su principio manifestado que necesariamente será degradado por el devenir degeneración en generación. Aunque no veamos en ello ninguna violencia explícita ni si quiera en el campo sutil de la manifestación, vemos que al final de “nuestro primer estadio” ya se da por explicita una “sexualidad reproductiva”, aunque sea a modo “accidental”, y además que ésta se consuma con especies del sur, lo que supone un descenso, degeneración del principio, y fin de la condición primordial, la inmutabilidad y la inmortalidad. Todo ello “impulsado” por una profunda crisis metafísica que desata terribles cambios en la Tierra, lo cual puede resultar “muy violento”, pues como ya intuíamos el origen del conflicto, como todo origen, se da en parámetros metafísicos dónde el equilibrio se impone por la inmutabilidad de su principio, lo cual, paradójicamente da lugar al constante “cambio o transformación” en su estado manifestado, representado en su mínima expresión por el 3, Brahma-Visnú-Shiva, Creación-Conservación-Destrucción, Espacio-Tiempo-Consciencia. Precisamente la incomprensión de este principio es lo que resulta verdaderamente violento para el ser humano, que en su caída se verá cada vez más alejado del mismo, dando lugar a respuestas cada vez más violentas a conflictos naturales, en cuanto a que éstas necesariamente serán “más manifiestas”, densas, materializadas, groseras hasta el presente dónde alcanzarán lo “infra-material” o virtual que resultarán completamente inertes por su falta de sentido de verdad, rechazado desde hace siglos por el racionalismo, naturalismo, realismo y en general por todos los -ismos hasta el momento presente. En el que el transhumanismo y sus diversas máscaras, cada vez menos necesarias, es dónde centra la principal atención la fuerza infrahumana, que, aliada con la ignorancia, desidia, vanidad y demás aspectos oscuros personificados por mayorías de seres humanos crepusculares, crearan conflictos anti-naturales, empezando por tratar de invertir, desde la inversión simbólica, la mentalidad de los ciudadanos, que en muchos casos inconscientes, adoraran lo de abajo como lo de arriba, sometiéndose a fuerzas que son muy inferiores a su naturaleza primordial, lo cual supone un violento conflicto de alcance global hasta lo más íntimo de cada individualidad.

Con este punto retomamos la vuelta al “segundo estadio”, el Ciclo del Sur. Cuyas rasgos morfo-simbólicos unánimes son: Tierra, como sustancia, sustrato (Mi madre siempre ha dicho que si algo se cae, del suelo no pasa). Aguas, como potencialidad / dinamismo. Luna, mutabilidad cíclica, día y noche. Plata como reflejo, sabiduría / inteligencia reflejada. Aquí podemos hablar ya de hombres y mujeres e incluso de una “división social” en función del Varna de cada ser humano, pues la multiplicidad se expresa en su máximo esplendor regida por un orden sabio / espiritual / intelectual, como “reflejo o soporte” del principio divino. Cuya responsabilidad recaerá sobre la autoridad espiritual, atemporal, representada por la figura de los brahmanes (sacerdotes). Concretamente sobre la mujer, la sacerdotisa, vemos como el principio femenino encarna a la perfección los aspectos simbólicos de dicho ciclo en la mujer, que no son otros que los de la Gran Diosa, quedando el hombre y su principio masculino subordinado al femenino, representado simbólicamente por el “dios mortal y el rey-toro” (Abro paréntesis para apuntar que, desde mi punto de vista como hombre blanco heterosexual, bendita sea dicha subordinación, tan terroríficamente alejada de cualquier comprensión actual e –ismo moderno). Como no puede ser de otro modo, esta maravillosa complementariedad del principio femenino y masculino, cuya vía es la hierogamia, se degrada, pues toda manifestación está “condenada” a ello, y se hace visible un conflicto ancestral, aún operativo, entre la casta “sacerdotal” (Brahman) y el poder “político” (Krshatriyas), que representan el poder atemporal y el poder temporal. Bajo estas circunstancias la casta real se anima a dar un golpe de poder a la anquilosada y débil casta sacerdotal, dando cierre a dicho Ciclo.

El fin del ciclo del Sur supone el inicio del Ciclo del Este dónde ya hemos visto que la casta guerrera da un golpe “de estado” a ese estado de subordinación del principio masculino – dios mortal – Rey Toro – Hombre frente al principio de feminidad – Gran Diosa – Sacerdotisa – Mujer, pasando a imponerse y dominar mediante la fuerza lo cual desencadena a nivel material violencia en forma explícita, la guerra. Si en el ciclo anterior vimos como el ser humano conoce la muerte, en este caso conocerá “la muerte violenta”, a modo de expresión de la ira de forma grosera por la falta de comprensión de un ser humano cada vez más alejado de los principios que se sitúan sobre nosotros y nos preceden, lo cual dificulta comprender la jerarquía universal y la distinción de la autoridad atemporal y con ello el cumplimiento de la ley universal (Dharma) por parte del “poder temporal”, representado por la casta que gobierna este Ciclo, los Krshatriyas, Guerreros, Titantes, Nefilim o Annunaki, según la expresión en la que nos apoyemos. Que gobernarán prescindiendo de la función sacerdotal, a través de la guerra, apoderándose de un saber tradicional secundario, “la magia”. Todos ellos se muestran instruidos en “magia negra” que lleva a cabo increíbles proezas, tan increíbles como las consecuencias siempre desastrosas para el género humano, que es el género que nos ocupa y que sufre la violencia de “un gobierno desequilibrado”. En cuanto a la ritualística, que en el ciclo anterior se expresaba a través de la hierogamia que unía dos principios metafísicos, pasará a ser el sacrificio, si anteriormente se basaba en una unión de principios, se convertirá en la depravación de un principio por otro, dónde los seres despeñan dos roles, ser el devorador y ser el devorado, la totalidad deja así de disociarse (macho y hembra) para recrear la gozosa unión y se transforma, a la fuerza, en dos elementos sacrificiales “fuego” y “oblación”.

Los símbolos y rasgos morfológicos unánimes de este Ciclo del Este son: El Sol naciente, como intento de Restauración. El Rayo / Fuego, como masculinidad y aspecto ígneo, ya no es el sól inmóvil o su “reflejo lunar” sino un debilitado sol mortal, cuyo aspecto ”más tangible” será el Rayo y el Fuego. El Hacha, como aspecto “armado” del paradigma guerrero. El Bronce por su carácter rojizo de la luz, reflejado por ejemplo en la sangre del sacrificio,  la devaluación del oro, y como gloria imitativa de la primordial. Desde cierto punto de vista podríamos decir que intento de restaurar la gloria trata de suplantar al gozo, como el poder temporal trata de suplantar al poder atemporal, sin dejar de ser lo que es, es decir una imitación que por supuesto cada vez será más burda, grosera y malévola en cuanto a que resultará indeseable y cada vez “más insufrible para el ser humano”.  Hasta el punto que un ser humano de cuna sacerdotal, Parashurama (El Avatar del Hacha, el sexto avatar según la tradición vaisnava, el primero nacido de una madre humana y por lo tanto mortal, aunque sigue vivo pues su misión todavía no se ha completado, como los más audaces sabrán contemplar) tras el asesinato de su padre, a manos de un Krshatriya, desencadena una guerra contra dicha casta a la que extermina en 21 ocasiones con su Hacha formando lagos y mares de sangre y que permanece vivo a la espera de culminar su trabajo. Vemos como un sacerdote se ve obligado a restaurar el Dharma ejerciendo de Guerrero puro.

Evidenciando todos estos rasgos tenemos a infinidad de Héroes, en su mayoría anónimos, aunque algunos de ellos, “los más importantes”, ya conocidos por el ser humano crepuscular, que en su fase postrera, la actual, tan sólo los reconoce, si lo hace, como meras leyendas insertadas en una mitología estéril bajo la ignorancia e indiferencia del vulgo o peor todavía dando rienda suelta a la oscura imaginería fenoménica. Y sólo valorada como una “especialidad académica” más para la masturbación teórica de los llamados “intelectuales” o peor todavía bajo la ceguera, cinismo y mediocridad de los tertulianos de Tertulandia, con título universitario o universario si te lo regalan por tu cumpleaños a cambio de dinero como sucede claramente, por ejemplo, en España. Pero hablábamos en este caso de Héroes y no de su “antítesis”. El paradigma guerrero del “hombre del Este”, reivindicado por pueblos del norte que se presentan como descendientes de “los hombres primordiales”, simboliza el principio masculino puro, subordinado directamente a lo primordial, del cual se derivan el honor, la dignidad, la decencia, el patrimonio, la familia y la vida decente en general. No son pocos los seres humanos que han “encarnado” está personalidad, tanto es así que incluso los hubo tras el Diluvió o quizás más apropiado sería decir tras el Maremoto que cerró el Ciclo del Este dando paso a lo que el moderno llama “historia”, que no es más que una décima parte de una manifestación de nuestra humanidad, que no es más que “una manifestación humana más” en la rueda universal, la Edad de Hierro, el Ciclo del Oeste. Quizás el último gran destello, grande por su magnitud más que por la durabilidad,  ya que su más que discutible pureza no tardó en corromperse, fue el Imperium, un Imperio Romano  que vino a “imponer orden”, más que a tratar de restablecerlo, sin ninguna autoridad espiritual, que en este cuarto Ciclo en el que ya nos hemos adentrado, estará perdida si no substituida fraudulentamente por fuerzas subversivas. Todavía más cercano en el tiempo, por lo tanto en un ya avanzado Ciclo del Oeste, en el marco de la cristiandad se puede encontrar un reducto minoritario de espiritualidad heroica de gran belleza, “los últimos héroes”, el ideal caballeresco que exalta al héroe antes que al mártir, que aniquila al rival antes de “poner la otra mejilla”. Más allá de individualidades anónimas, es conocida la Orden del Temple, comunidad iniciática, al menos en sus inicios cuyo origen desconocemos, más allá de su primer cuartel que es lo único visible que queda de dicha Orden, que fue totalmente exterminada. Importante resaltar este punto, especialmente en la actualidad, porque la reivindicación templaria será coartada de fenómenos de naturaleza muy diferente. Por ejemplo los auto-titulados Rosacruz, entre innumerables organizaciones, que carecen de una filiación real con cualquier autoridad espiritual. A partir de este momento, nada unirá el ser humano occidental con lo sagrado. El oscurecimiento de Occidente, por dónde el sol se oculta bajo la tierra, se sumergirá en la penumbra que irá convirtiéndose en completa oscuridad.

Los rasgos morfo-simbólicos unánimes de este último Ciclo, el del oeste, son: El sol negro, en forma de penumbra, sabemos que el sol se esconde por el oeste, por occidente, nombre de este ciclo, y más concretamente de la presente civilización. El mundo subterráneo, la autoridad espiritual se encuentra inaccesible, oculta. El reptil, como expresión simbólica de las fuerzas telúricas y “bajas”. El Hierro, cuyo carácter es corruptible, falto de dureza y pureza.

En cuanto a la ritualística propia de nuestro ciclo es la teofagia, sí, exactamente se declara por parte de las diversas expresiones tradicionales aún vivas que: “todo dios que muere, tiene que ser comido”. Un claro ejemplo a nivel público y global es la eucaristía. Cuya finalidad es asimilar las potencias divinas a través de la función alimenticia, función esta de la “calidad alimenticia” que por lo tanto parece esencial o básica en nuestro tiempo. Porque el ser humano asume una vida en la que necesita matar para seguir viviendo y proyecta un acto ritual que busca equilibrar esta necesidad de crueldad. Ya que el hombre necesita matar y comer, que este acto, sea al menos, en armonía con los ritmos cósmicos. Es decir actualizar y asimilar lo divino a través de los actos de corrupción humanos, como quitar la vida o alimentarse.

En este punto, se nos hace evidente que los “orígenes” más directos de nuestra Edad actual ya se “cimientan” sobre un mar de sangre, en cierto modo necesario para “enderezar” a una humanidad gobernada por unos titanes que imponían su gobierno a través de la guerra. Cuyos “monarcas” puntualmente habían cometido el error por excelencia del que ostenta poder, creerse el Rey del mundo e incluso Señor del Universo, por encima de todo ser, lo cual no deja de ser la definición del “carácter luciferino”, no tanto por una blasfemia pecaminosa o moral como por ser el más grave error en el que puede caer cualquier ser, una cuestión de conocimiento o desconocimiento. Un desconocimiento hacia el que el ser humano, desde ese momento, se dirigirá cada vez a mayor velocidad.

Invito a abrir el siguiente punto con una cuestión: ¿Les parece, especialmente a las autoridades académicas, todos sus representantes y sus mayorías y minorías mojigatas de ignorantes, suficientemente violento el escenario que da comienzo a lo que ellos llaman “civilización” y con ello empiezan esa famosa “Historia” de progreso, curiosamente basado en la decadencia y la degradación de la materia hasta la obscenidad pornográfica, que nos han contado?

Lo pregunto porque nos encontramos en el deber de recordar que lo que Es es y además no puede dejar de ser, no se pueden invertir los principios, tan sólo puede invertirse su interpretación, lo cual le lleva a uno a caer en un error, que no deja de ser un error por mucho que sea compartido o impuesto a una masa indefinida de seres. O incluso, como pasa actualmente,  se puede tratar de invertir su interprete, es decir, invertir la mentalidad de los seres que no dejan de “ser símbolos” para que éstos, no sólo se vean incapacitados para interpretar tanto la realidad que les rodea, sino hacerlo de manera invertida contra su propia naturaleza, partiendo por olvidar e incluso negar la verdad de la que somos originarios, perdiendo así cualquier sentido de jerarquía y conocimiento de sí mismo, lo cual se refleja hoy en día de una manera tan apabullante como parece que imperceptible para unos seres usados como masa. Esto supone lo que llanamente podríamos llamar “la expresión grosera de la mentira”, que pretende que lo de “abajo está arriba” y “lo de arriba está abajo”, lo cual hace que las mayorías y minorías, todas ellas cuantificadas, caminen con la cabeza y piensen con los pies. Esto supone, además, que en la aventura por tratar de alcanzar el conocimiento (siempre uno, siempre el mismo y siempre situado muy por encima de la individualidad del ser humano, por lo tanto no-humano o más concretamente supra-humano, pues este se sitúa por encima de la esfera superior del ser humano), una ·”búsqueda” propia de la naturaleza humana, precisamente por percibir que no se goza de ese conocimiento, esta “búsqueda de la Verdad” resulte difícil y peligrosa. Especialmente, si tenemos en cuenta que estamos en la “era de la guerra masiva de la informática que da lugar a la información y su mágico “mundo virtual”  que resulta ser un arma militar de suplantación tan paródica como peligrosa del conocimiento. Retomando el vulgar símil anterior, si uno camina con la cabeza es muy probable que cuando quiera sobrepasar “su límite superior” en la búsqueda del Principio en realidad se sumerja bajo tierra, en los inferí, dando lugar a una “realidad dantesca” (Curiosamente todos los servicios de inteligencia del mundo tienen sus centros de inteligencia bajo el suelo). Por otro lado encontramos a quienes en su degradación académica desligada de cualquier principio metafísico desde hace siglos, no han hecho más que sufrir un descenso empicado de “su tejado”, que ya se limitó hace siglos al racionalismo, que condujo al sentimentalismo moralista y este al animalismo bestial que sufrimos en el presente. Parecería que nos hemos desviado del aspecto indeseable que nos ocupa, la violencia y no es así, ya que nos parece violento en extremo, hasta ahora desconocido, que se incapacite desde todos los frentes de la modernidad y su post-modernidad al ser humano para impedirle ser lo que debe ser, destruyendo así toda condición humana, que empieza por distinguirse de los animales por su capacidad intelectual / espiritual de acceso al conocimiento / la sabiduría. Capacidad perseguida, condenada y aniquilada  desde hace siglos, lo cual ha posibilitado que una fuerza de orden inferior, es decir infrahumana, pueda aparentar gobernar el mundo y cada uno de los seres que viven en él con el aparente beneplácito de unas mayorías y minorías manipuladas y la inestimable colaboración de unas podridas élites, que no merecen dicho nombre, y su insaciable voracidad caníbal, cuyo único objetivo ha sido y es construir el escenario presente, con su gran obra de todas las eras, desarrollando  unos métodos de guerra, que ya son conocido pasado, riguroso presente y evidente mañana. Unas armas de alcance y sofisticación tan siquiera imaginables hace un siglo, que son producto de la mágica y exponencial escalada tecnológica. Una escalada que será proporcional al descenso de “lo humano”, que según los modernos-progresistas debe adaptarse a las nuevas tecnologías, perdón, ¿He oído bien? ¿No sería la tecnología la que debería adaptarse al ser humano unido al proceso cosmológico?. Cuando mencionamos el alcance de dichas armas, no nos referimos sólo a su alcance global, más que conocido en general, sino a su alcance hasta lo más profundo de cada uno de los seres humanos, la ingeniería de la psique cuya estrategia conductivista han dejado patente sus autores, y cuya historia es fácilmente rastreable. Evidentemente siempre encontraremos que sus estudios están ligados a la guerra y sus métodos de expresión, formación y control se venderán, encima cobrando, como imprescindibles para el bienestar personal, social y económico de no sabemos quién. Hay tal diversidad de ejemplos que podríamos escribir un libro sólo enunciándolos, pero nos parece una tarea ineficaz pues no creemos ni confiamos en la cantidad sino en la cualidad, en este caso del lector que sabrá ver en el principio de lo expuesto multiplicidad de expresiones, servicios, instituciones, protocolos, expresiones, informes, informaciones, formaciones que le son tan cotidianas y familiares que tan siquiera nos habíamos dado cuenta, por lo “bien” insertadas que están en la invertida mentalidad y el día a día del ciudadano moderno convirtiéndose así en algo incuestionable, especialmente cuando uno bastante trabajo tiene en llegar a fin de mes. Enunciaremos a vuela pluma algún ejemplo en general, aclarando por adelantado, que a nivel ideológico cualquier –ismo podría servir de ejemplo: psicología de mercado, crisis de confianza, ingeniería social, psicología criminal y forense, fármacos para la depresión, ansiedad y estrés, planes de formación, protocolo sanitario, experto, estrella del cine, medidas preventivas, bio-ética, psicopedagogía, fracaso académico, Coaching, drogas de diseño, instinto suicida, trastorno de déficit de atención, psiquiátrico, neuropsicología, rabiosa actualidad, fármacos para el dolor, psycogaming, asistente social, sexología, top model, bomba informativa, operaciones de paz, think tank, la magia de Hollywood, influencer, medios de información, seguridad social, educación obligatoria, sanidad y sufragio universal… Hasta aquí la larga lista que podría seguir y seguir sin haber tan siquiera entrado en nombres, instituciones, programas, ideologías ni alimentación, pero queda claro que se han colado más allá de las cocinas de las casas, que ya prácticamente ni existen en los habitáculos modernos, y sin el fuego de las cuales no hay hogar posible. En cuanto a la sofisticación armamentística basta saber que existen satélites que controlan hasta el último rincón del planeta, aviones no tripulados, fumigaciones, armas de control climático basadas en los campos magnéticos, armas biológicas, nanotecnología… Si quieren un ejemplo más grosero, pregúntense porque se están equipando soldados con armamento valorado en medio millón de euros por cada unidad, no sólo se trata de que este dinero se podría utilizarse para otros fines sino básicamente que se utiliza todo con un mismo fin, que es destruirnos a ti y a mí como seres humanos.

Llegados a este punto podemos observar que la violencia más explícita y descarada conocida hasta hoy sólo está siguiendo una dirección, en contra de los seres humanos. Todos conocemos la célebre frase “divide y vencerás”, con lo cual comprendemos que a quién dirige esa fuerza le interesa dividirnos y obviamente no hay mejor manera que destruir las naciones, los pueblos, las familias, las parejas, para destruir a cada uno de los individuos. Pero como mostraron nuestros amados ancestros del Ciclo del Sur hay una vía “de retorno” a nuestro estado natural puro de gozo, conceptos que la iglesia y la mentalidad e ingenio modernos se han encargado de oponer en apariencia. Al igual que se está haciendo con más virulencia que nunca por parte de todos los medios entre hombres y mujeres sufrientes, que parecen haber olvidado su principio y condición mientras el enemigo, etimológicamente satanás, consuma su plan beneficiándose como siempre del sufrimiento humano, sea del color, pensamiento, sensibilidad o sexo que sea. La “unión” de esta fuerza infrahumana parece invisible a los ojos de los hombres que se empeñan en no entender que precisamente el entendimiento siempre se da por arriba, y en este caso el poder que se impone a nivel global lo tiene claro y ha declarado la guerra abiertamente a todo ser humano, disponiendo de todas las armas para hacerlo y siendo, probablemente, la principal de estas armas, la estrategia de imponer el divide y vencerás, que sólo se destruye contemplando la no-dualidad. Entenderán que desde este punto de vista, que nos parece, en terminología moderna, el más sano, no tiene sentido reforzar ningún –ismo, menos todavía machismo o feminismo, o peor aún pseudo-teorías degeneradas de género que han sido todas ellas diseñadas como armas psicológicas para que nos matemos y privemos del gozo de vivir y estar vivos. La historia se repite siempre en las guerras y es que el que se beneficia siempre es el que fabrica las armas para las batallas y además se enriquece con el sufrimiento tras cada una de ellas, grosero ejemplo serían las farmacéuticas. Hoy en día las armas y los que las sufren resultan ser los mismos, es decir, los ciudadanos, cuya manipulación ideológica hace que se destruyan a sí mismos. Lo cual deja en evidencia de que se trata toda esta paranoia colectiva que vivimos, en mi caso en España y por si fuera poco, en Cataluña dónde hay otra guerra idéntica sembrada en otro ámbito, en este caso el político territorial.

A modo de escueta conclusión, hemos visto que el ser humano primordial que goza de inmortalidad en el Ciclo del Norte, pasa a conocer la muerte en el Ciclo del Sur y la guerra desde el Ciclo del Este, en este sentido es difícil valorar en una palabra un Ciclo que nos es presente pero ante la instauración de la guerra continua que sufrimos, nos quedaremos con algo que el ser humano desconocía y a lo que no se le dio nombre hasta el siglo XVIII, sadismo.

Para terminar algunos habrán observado que en el Ciclo del Norte el simbolismo sexual es el andrógino, en el Ciclo del Sur la mujer, en el Ciclo del Este el Hombre y por último, ¿Qué nos queda para el Ciclo del Oeste? Pues parece que nada conocido hasta dicho Ciclo, el monstruo asexual, sobran ejemplos hoy en día de dicho simbolismo. De modo que ya sabemos quienes ganan con la guerra de sexos y de género. Del mismo modo si en el Ciclo del Norte no había castas, en el Ciclo del Sur gobernaba la casta sacerdotal, Ciclo del Este la casta guerrera, en el Ciclo del Oeste gobierna la tiranía de la casta mercader, y curiosamente uno de los símbolos del final de nuestro ciclo es y será la sublevación y poder ilusorio de los trabajadores, de los esclavos, del pueblo, etimológicamente podría ser la democracia.

Como artículos adjuntos añado aquí, a modo de opinión, un par de respuestas que dirigí al escritor Fernando Sánchez Dragó en su blog de El Mundo, Dragolandia. Uno a cerca de unas estadísticas de violencia y otro a cerca de la urgencia por la unidad de España.

Respuesta al artículo Ni fake, ni new –

Industria (de) Gener(o)Ador(a) de / la Violencia

Respuesta al artículo Extrema necesidad –

Los Partiotras de Expaña (Parten la patria en partidos)

 

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