Viaje al Señor del Poder (II) – Ibn Arabí

Has de saber que desde que Dios creó a los seres humanos y los trajo de la nada a la existencia, no han dejado de ser viajeros. No han tenido un lugar de descanso en su viaje excepto en el Jardín o el Fuego y cada Jardín y Fuego es según son sus gentes. Toda persona racional debe saber que el viaje está basado en los esfuerzos y dificultades de la vida, en las aflicciones y las dudas y en la aceptación de los peligros y grandes temores. No es posible que el viajero encuentre en este viaje comodidad, seguridad o deleite. Las aguas van cambiando, el clima varía y el carácter de las personas es diferente en cada lugar en que paras. El viajero tiene que aprender lo que hay de útil en cada lugar. Permanece en cada uno de ellos durante una noche o una hora y, después, se va.

¿Cómo se podría esperar facilidad en tales condiciones?

No hemos mencionado esto para responder a las personas acostumbradas a las comodidades de este mundo, que luchan por ellas y se afanan por acopiar cualquier fruslería mundana. No nos ocupamos de los que se dedican a esas actividades ridículas y sin importancia, o no fijamos la atención en ellos, sino que lo hemos mencionado como un consejo para todo el que quiera prepararse para la felicidad de la contemplación en un reino distinto al que se le ha dado y llegar al estado de fana’, a la desaparición, en cualquier otro lugar que no sea el suyo de origen, y a su asimilación a lo Real desapareciendo de los mundos4.

Los maestros que hay entre nosotros desdeñan esta [ambición], porque es una pérdida de tiempo y una desviación de la [verdadera] línea y relaciona el Reino con lo que no le conviene.5

El mundo es la prisión del Rey, no su casa; y todo el que busque al Rey en Su prisión, sin haber salido completamente de ella, viola la regla de la correcta conducta (adab) y se le escapa algo de gran importancia. Porque el tiempo de fana’ , en Verdad, es el momento de trascender a un estado superior al alcanzado.

La Revelación depende de la extensión y la forma del conocimiento. Después, con la contemplación, te das cuenta del conocimiento de Él, desde Él, que adquieres cuando te esfuerzas y te ejercitas. Pero lo que contemples de Él será la forma del conocimiento que hayas adquirido antes. No avanzas en nada excepto en el paso de conocimiento (’ilm) a visión (’ayn); y la forma es única.

[Con la contemplación] alcanzas lo que deberías haber dejado en su propio Reino y ésa es la Casa del Otro Mundo, en la que no hay trabajo. Por eso, mejor te sería que, al tiempo de tu contemplación, estuvieses ocupado en una labor dirigida al exterior y, al mismo tiempo, en la recepción interior del conocimiento que procede de Dios. Incrementarás la virtud y la belleza de tu naturaleza espiritual, que busca a su Señor por medio del conocimiento recibido de Él mediante los trabajos y la oración, y también la de tu naturaleza personal, que busca su paraíso. La naturaleza sutil del hombre resucita según su conocimiento y los cuerpos resucitan según sus trabajos, tanto en la belleza como en la fealdad.

Y esto es así hasta el último aliento, cuando te apartas del mundo de la obligación y del Reino de las sendas ascendentes y el desarrollo progresivo. Y sólo entonces cosecharás

los frutos que has plantado. Si has entendido todo esto, has de saber entonces (Dios nos conceda el éxito a los dos) que si quieres llegar a la presencia de la Verdad y recibir de Él sin intermediarios y si deseas intimar con Él, esto no será posible mientras tu corazón reconozca otro señor que no sea Él. Tú perteneces a quien ejerce su autoridad sobre ti. De esto no hay duda. Y, para el retiro (khalwa)6 de la sociedad humana, te será inevitable y preferible separarte de los demás, ya que la distancia que te separa de la creación es la distancia que te aproxima a Dios —en lo exterior y en lo interior.

Notas:

4. «Asimilación a lo Real, desapareciendo de los mundos». Esta frase es un giro técnico. El shaykh dice que «desaparición» (mahq) es tu aparición en la existencia del mundo, por Él, como vicerregente o delegado de Él, de tal forma que te pertenece el dominio del mundo. Y «desaparición de desaparición» (mahq al-mahq) es tu aparición en su misterio. En la «desaparición de desaparición» tú Lo velas, de tal forma que la gente te considera como una creación sin derecho [a norma]. Porque ellos no pueden saber que Dios te ha enviado como un misterio ante ellos, para que vuelvan sus ojos hacia Él. Así pues, «desaparición de desaparición» está en contraste con «desaparición»; no es una evolución exagerada de la desaparición. Es, más bien, como «la no-existencia de la no-existencia».

Evidentemente, el siervo, cuando parte de la presencia de Dios para la Creación, está dotado de todos los medios para actuar entre el pueblo como un legislador. Ellos no son conscientes de esto, aunque tienen noticias de algunos y los consideran como Mensajeros (la paz y bendición de Dios sobre ellos) a los que Dios envió una vez como Sus vicerregentes en la tierra, para impartir su Juicio. Dios ha encubierto esta facultad en los herederos [de los profetas], que son sus vicerregentes, aunque no se tenga conocimiento de ello.

Y has de saber que entre el pueblo de Dios la «desaparición de desaparición» se cumple en este mundo y la «desaparición» en el siguiente. Y sólo los pocos elegidos del pueblo de Dios alcanzan la desaparición de desaparición; es para las inteligencias iluminadas. Los elegidos logran la desaparición; es para las almas iluminadas. Háganos Dios partícipes de la desaparición de su desaparición y se le atribuya Su derecho a Él solamente.

5. «Los maestros que hay entre nosotros». Nosotros no propugnamos la contemplación y fana’ y la asimilación en lo Real por la desaparición de este mundo. Sin duda, «los maestros que hay entre nosotros», compañeros de los santos, «desdeñan esto». A esto se refiere Su sentencia, alabado sea: «El Mesías no desdeñó ser siervo de Dios» (Corán 4, 172). «Porque es una pérdida de tiempo» que no deberíamos emplear

más que en nuestro propósito: la observación y la adquisición de las ciencias divinas de la piedad; y porque

esto significa «una pérdida de la [verdadera] línea» para la visión y desaparición en el próximo mundo.

Porque la visión de Dios en el próximo mundo depende de la medida del conocimiento de Dios adquirido aquí. Por tanto, este mundo está para la adquisición del conocimiento con sacrificio. El próximo es morada de facilidad y contemplación. Durante el tiempo que dedicas a la contemplación en este mundo estás perdiendo un conocimiento que, de haberlo adquirido, hubiese aumentado tu contemplación

en el próximo. Por tanto, en este mundo, la contemplación, que te produce una merma en la adquisición de este conocimiento, es una pérdida en el nivel contemplativo que has de tener en el próximo mundo, ya que la contemplación depende de la medida del conocimiento. Lo has contemplado a Él en este mundo sólo después de conocerlo hasta cierto punto y has observado cómo es tu conocimiento. Ese conocimiento, que ha formado la base de tu contemplación, se ha adquirido al buscar otro conocimiento mayor. De haber logrado el conocimiento mayor, tu contemplación hubiese sido en proporción más profunda. Si no logras la contemplación en este mundo por dedicarte a buscar el conocimiento, no te faltará en el próximo; pero si te falla el conocimiento en este mundo por buscar la contemplación —porque es un fana’ en el que no hay consciencia— te faltará la contemplación en el próximo. Es una pérdida en el rango de la visión.

Y, en cuanto a su pérdida en la desaparición, debes saber que la manifestación de la delegación o vicerregencia no es conveniente, a no ser en el próximo mundo, donde no hay ni obligación ni petrificación de las categorías del ser. En el próximo mundo [duplicando la descripción coránica de la acción creativa de Dios], el hombre le dice a una cosa «Sé» y es. Así pues, se ha dicho que Dios envía al pueblo del Jardín un mensaje que dice lo siguiente (y Dios conoce mejor): «Una carta de la Vida Sempiterna para la Vida Sempiterna). Yo digo a una cosa ‘‘Sé’’ y es, y he hecho que tú digas a una cosa ‘‘Sé’’ y sea» —y no le dicen a una cosa «Sé» sin que sea. Ésta es la esencia de la manifestación de la vicerregencia

y este mundo no es el adecuado para esto. Porque este mundo es la morada del trabajo y la responsabilidad y el grado en que aparezca aquí la vicerregencia es el mismo grado en que se pierde en el próximo mundo. Como dijo Dios Altísimo: «Has desperdiciado tus dones en la vida de este mundo» (Corán 46, 20).

Sin embargo, esto sucede solamente cuando la manifestación de la vicerregencia en este mundo no procede de una Orden Divina. Cuando procede de una Orden Divina —como sucedió con los Mensajeros— no lo rechazan por su facultad de que «relaciona el Reino» que es este mundo, «con lo que no le corresponde»: la manifestación de la vicerregencia y la deserción en la adquisición de conocimiento.

6. «Khalwa». El Shaykh dijo: «sabrás —y Dios Altísimo nos conceda el éxito— que la raíz del khalwa está en la Ley Sagrada: ‘‘A cualquiera que me recuerda en sí yo lo recuerdo en Mí y a cualquiera que me recuerde en asamblea yo lo recordaré en una asamblea mejor que la suya’’ [hadith qudsi]». La raíz de khalwa es al-khala’, la nada en que existía el mundo [antes de su creación].

https://es.scribd.com/document/171571849/VIAJE-AL-SENOR-DEL-PODER-IBN-ARABI

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