La muerte de la muerte y sus demonios

Murió a “este mundo” el pasado 15 de abril del año 2016, y algo de “mí” murió con él.

Ahora, meses después, aquí me tienen empezando a escribir una vez más, mientras algunos que viven en valles estériles de silicona , como las tetas que fabrican, anuncian la “singularidad” o inmortalidad humana para dentro de unos años, lo cual yo también creo que va a suceder aunque no de la forma que estos egos despistados y fans de micky mouse esperan (Pueden buscar conferencias en youtube del señor Cordeiro por ejemplo). Si quieren saber mi opinión, sepan que no es relevante y mejor que consulten personalmente con “el espíritu” de Kalki (Absténganse de ello espiritistas enagenados, neoespirituales terapeutizados, teosofistas pseudo-religiosos y ocultistas culocultistas) y saquen sus propias conclusiones, ya que mis palabras tampoco mejorarían su entendimiento, sólo decir que hay mucho que barrer y lo que algunos llaman universo sabe mucho de “reciclar”, así que no se preocupen que todo volverá a re-unirse manifiestamente y “mostrarse religado”.

Materialmente murió de manera anunciada por parte de los nuevos sacerdotes de bata blanca que lejos de ser representantes microcosmicos de la “divinidad” de la realidad macrocósmica (O manifestaciones físicas de la “más elevada” metafísica) lo serían, con muchos más galones, de la debilidad crónica y que por mucho que se esfuercen en mostrarse divinos se asemejan más a los representates de vinos o cualquier otra actividad derivada de la mercadería.

Excuso decir que hablamos de personas inmersas, con mayor o menor apego, con más o menos implicación y con más o menos fanatismo, en el seno del mundo industrial, corporativo o corporativista y tecnocrático, que, como tantos otros, simplemente cumplen con su empleo, reconociéndose empleados (¿Por qué o por quién? ¿Para qué? Y ¿Cómo? Ya son preguntas que no necesitan responder para cobrar su salario), y con los protocolos que les mandan, lo cual no dista demasiado de ser un empleo (Nada que ver con la vocación y el oficio), como la mayoría de los existentes, donde el ser humano pueda ser reemplazado por una máquina, como se hace evidente a día de hoy. Lo cual ha resultado más sencillo de lo que parece. Los fabricantes de la “era industrial” propagaron como una epidemia la “formación y educación” obligatoria que procuraba conseguir que un ser humano se integrara en una cadena de producción industrial, consiguiendo así con el paso de generaciones mecanizar y automatizar a estos seres, que no son otros que nosotros mismos. En este mismo proceso de “mecánización”, o dicho llanamente tratar de reducir el ser humano a máquina, este mismo ser humano a desarrollado nuevas máquinas que cree o ve como su imagen y semejanza y por lo tanto se siente susceptible de ser reemplazado por la propia máquina considerando que la máquina no se equivoca y alegando que es así debido a su diseño y funcionamiento, mientras curiosamente consideran a “su creador”, el ser humano, como “un error”, como algo “no diseñado”, “una mutación azarosa” y mostrando su continua incoherencia y discurso falaz, estos autodenominados transhumanistas, consideran que ellos, unos pobres seres humanos o errores de cálculo, frutos del azar mutacional de un mono, han diseñado y van a crear un “nuevo hombre” post-humano poco menos que perfecto , realmente apoteósico, ¿Les damos un aplauso?.

Imagínense a un mono en un laboratorio intentado diseñar a un ser humano por si sólo, claro que para ello deben creerse antes que un mono venido a más o que un buen día, entusiasmado, se vino arriba, ha podido fabricarse el laboratorio.

Indicados estos pocos apuntes para percibir el paradigmático mundo en el que viven quienes se atreven a anunciar la muerte y ponerle fecha, incluso anunciar literalmente la muerte de la muerte, habrá que reconocerles, en este caso concreto, su “acierto” en su pronóstico o ¿Quizás fue una condena?. Sea como fuere, el frío dato del cadáver les da la razón, la misma razón, en el sentido racional, que encierra su limitada visión. La misma que utilizan para diagnosticar y certificar muerte basándose en sus parámetros de observación de un cuerpo desanimado sin tan si quiera preguntarse a dónde se marchó ese ánimo o lo que es lo mismo de donde venía mientras estuvo manifestado. De modo que pretenden que creamos que unos tipos que no conocen el origen de la Vida y el Ser Humano pueden diagnosticar, certificar e incluso prevenir el fin de la vida de un ser humano e incluso “articularlo” llamándole “la muerte”. Obviamente hay que considerar que se limitan a valorar la vida desde su intrascendente y reducida visión (Que abarca sólo la superficie más externa de “lo observado” como algo ajeno y separado del sujeto observador) y por lo tanto su conclusión no carece de razón, es más, sin duda tienen toda la razón al decir que esa forma de vida ha terminado, pero en algún caso pueden decir que la Vida termina? No, no pueden! Ya que si fuera posible que la Vida termine, aunque fuera un sólo instante, no habría nadie que lo pudiera vivir, ver, comprobar o verificar, con lo cual nunca un ser vivo podrá observar el fin de la Vida, entendida como algo manifiesto.

Una Vida que “toma formas” de ser en múltiples estados, en un fluir constante e inabarcable, desde un sin fin infinito e inconmensurable del cual “manifestamos formas de parte” de un todo inexpresable pero que al mismo tiempo no deja de expresarse y qué no por ello deja de ser cognoscible, pues cabe recordar que: “En la parte está el todo”.

Así que, sin duda, la Vida sigue inexorable y sabiendo esto, que importa entonces lo que los modernos llaman “Mi vida”, yo les pregunto: ¿Puede poseerse la vida o es la vida la que posee?, ¿Es a caso esta vida que dicen poseer la que termina con lo que llaman muerte?

Si es así, no deben preocuparse ya que no lamento anunciarles que la vida no es suya, ni tuya ni mía con lo cual no perdemos nada que nos pertenezca en realidad. Resulta obvio para todo aquel que tenga ojos para ver que la vida nos fue y es dada en todo momento, la vida es una entrega, por lo tanto sin dar, sin entrega, no hay vida. Una vida de la cual en todo caso somos “responsables”, “portadores”, “receptores” pero nunca poseedores, más bien parece que es la vida la que nos “posee”, nos anima, nos mueve, nos conmueve, visto desde la perspectiva dual de lo uno o lo otro, (En este caso sería o poseo o me posee) cuando realmente no es lo uno ni lo otro mientras y pueden ser ambas al “mismo tiempo”, ya que podemos negar la dualidad, en la medida que establece un “límite”, una “separación”, cuya negación absoluta nos lleva a un sentido afirmativo de posibilidad universal.

Si se trasciende esta dualidad, por la que necesariamente hay que pasar y trascender, con el cambio de estado que esto supone, para reconocer la unidad, vemos que la vida “transforma y se transforma” o dicho de manera más concreta: La vida sencillamente adquiere forma, es cambio (crisis) constante, precisamente para no perder la constante manifestación de vida que somos, cuyo origen es necesariamente no manifestado, y nos convertimos, tomamos forma en estados de ser manifestados individualmente en relación (Podríamos decir para ser más exactos Razón refiriendo exactamente la palabra logos, pero viendo a lo que se ha reducido y como se ha degradado el concepto de razón en occidente y la limitada interpretación de logos en “la palabra o el verbo”, que podría resultar válida si ésta se observará como símbolo y no se redujera a su uso como signo, prefiero hablar de relación) constante con el todo, con la Vida que se manifiesta, no a través de nosotros o en nosotros, porque no nos es algo ajeno, sino que sencillamente somos Vida, somos “Eso”. Lo cual por cierto me parece que no enseñan en la ESO, en los sistemas educativos y de formación que no se que demonios enseñan o forman si no es precisamente eso, es decir, demonios.

Apareador

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