Escrito por y para escribir…

Pretendo escribir sin ninguna otra pretensión, motivación o fin que el mero hecho de escribir por y para escribir. Partiendo de ninguna idea, sin saber que escribir, quizás, siendo así, ¿Puedo escribir lo que se y conozco?

De ser así tan sólo puedo garantizar que no será mucho y que tampoco será poco, entendiendo como cualidad y condición humana tanto el conocimiento como el saber y la sabiduría que estos comportan (Aunque no la comporten necesariamente, ya que el saber no garantiza la sabiduría entendida como acto, como ejemplo y reflejo del saber, y por lo tanto el infinitivo puede carecer de la expresión se su cualidad, pero la cualidad precisa del infinitivo. Del mismo modo que conocer no implica necesariamente actuar con conocimiento, aunque obviamente lo posibilite).Dicho esto, debemos reconocer que la sabiduría, como toda manifestación precisa de un espacio que le dé lugar, precisamente para manifestarse. Aun así, esta particularidad tampoco indica que “el tamaño” de ese espacio sea, necesariamente, proporcional a la calidad de la cualidad manifestada, en el caso de que ésta fuera cuantificable, lo cual dudamos, ya que precisamente se entiende que será la cualidad y condición del espacio la que dará lugar a la calidad de la cualidad manifestada. Siendo así, observamos que precisamente parece que un lugar vacío, debería ser el ideal para que la cualidad pueda manifestarse con la máxima armonía y claridad y la mínima distorsión posibles. Por lo tanto, desde esta perspectiva entendemos que lo que el mundo moderno tras dictamen masivo ha devenido en llamar formación e información, ambas cuantificables, una en número de cursos y títulos y la otra en datos, nada tienen que ver con el conocimiento y la sabiduría excepto que ambas pueden entorpecer y de hecho entorpecen gravemente la capacidad de expresión, saturando el espacio dónde poder manifestar estas cualidades humanas que son la sabiduría y el conocimiento (Aunque no necesariamente de origen humano, abstenerse lecturas ufológicas, de aficionados a especular con todo aquello surca el espacio a través del aire y por definición no está identificado, dejando volar su imaginación hasta lugares y deducciones igual de identificadas, también evitar lecturas reptilianas, aficionadas a la ciencia ficción y que parecen no estar nada interesadas en entender ciertas jerarquías, tanto microcósmicas como macrocósmicas, de la manifestación, como sería en el caso que nos ocupa concretamente, la del ser humano manifestado como individuo que goza y sufre de tanta “reptilianidad” como quiera, con uso y disfrute por ejemplo de las ruedas inferiores y ciertas partes del cerebro de cada uno que disponen de suficiente “reptilianidad” como para verla reflejada en un espejo, una “reptilianidad” que con la inversión simbólica subvencionada por el mundo moderno actual quiere aparentar una jerarquía inversa (Básicamente por una cuestión espacial que diferencia lo inferior de lo superior), pero que sólo puede aspirar a eso en realidad, a aparentar lo que no es, aunque todo el mundo se ponga a hacer el pino al mismo tiempo, además obviamente no aguantarían todos haciendo el pino por mucho tiempo. Tampoco se recomiendan extravagantes lecturas extraterrestres de una realidad que se sabe universal, es decir la del ser humano, así como tampoco acertarían las alienadas lecturas alienígenas. Todo esto, dicho, a modo de recomendación con la que cada cual hará lo que quiera, sencillamente sirve como aclaración de que especialmente cualquiera de estas lecturas serán puestas por parte del lector y queda claro que no sólo no se sugieren por parte de lo escrito, sino que incluso no se recomiendan, siempre, obviamente, respetando el libre albedrío de cada uno. De la misma manera que cualquier lectura “concreta” que pudiera hacerse, ya que desde aquí nos referimos precisamente a un origen que no pretendemos ni podemos concretar y mucho menos desde nuestra perspectiva contingente como seres humanos manifestados, del mismo modo que no se puede llegar a conocer lo incognoscible. Por este motivo lo máximo que podemos aspirar a definir con palabras es precisamente lo que no es.)

Probablemente lo más importante a tener en cuenta es que tanto el conocimiento como la sabiduría, no sólo son cualidades sino también condiciones humanas, así que si ha quedado claro que los considerados seres humanos modernos no tan sólo no se capacitan para el conocimiento y la sabiduría sino que además la invierten e imposibilitan, podemos añadir y resaltar que esta imposición impide iniciar estas condiciones que como tales distinguen al ser humano, precisamente como lo que es: humano, y por lo tanto admitimos desconocer en que se ha convertido o pretende convertir el ser humano moderno, pero parece obvio que si se muestra incapacitado para alcanzar una condición humana, este ser humano está condicionado en una posición que podemos calificar de infrahumana ya que no alcanza una condición de ser, en este caso la humana, lógicamente se situará en una condición inferior (de “inferi” en latín, que traducido sería infierno), con lo cual por más baja o mal entendida que tenga la condición humana el ciudadano moderno, debe saber que su condición de ciudadano moderno le sitúa por debajo de lo conocido como ser humano. Unos ciudadanos modernos que incluso hablan ya abiertamente de la post-humanidad, reconociendo claramente que esta humanidad ya se acerca a su fin, que necesariamente coincidirá con el inicio, y que como toda manifestación se degrada hasta volverse inmanfiesta, siendo su fase más cercana al final la correspondiente a la más degradada manifestación humana hasta desaparecer , una fase que bien podría denominarse post-rera y que bien podría coincidir con la post-humanidad soñada y diseñada por las mentefacturas de algunos modernos concentrados principalmente en valles de silicona. Que podrían preguntarse si en algún momento han podido alcanzar plenamente la condición humana antes de plantearse o pretender modificarla, mejorarla o superarla cuando parece que ni tan siquiera saben ejercerla.

Dicho esto, también observamos que para que esta realidad tenga lugar en nuestro presente necesariamente se tienen que estar dando las condiciones en el espacio y el tiempo para que así sea, lo cual no implica que haya que mostrarse indiferente, precisamente porque se trata de lo único con lo que verdaderamente podemos “contar”, a saber, el presente y nuestra condición humana.

Cuanto más nos acercamos al fin, lo cual es evidente que está más cerca cada día por muy lejos que esté, más nos interesamos por el origen (el eterno retorno) porque de una manera u otra sabemos que necesariamente coinciden pero como ya se ha indicado anteriormente, reconocemos la incapacidad actual para apuntar a este de manera afirmativa y concreta, y todavía mayor imposibilidad si cabe, sería hacerlo con palabras, de manera que quizás la mejor manera de terminar este escrito por y para escribir sea además la única manera de hacerlo, que es precisamente esta.

Apareador

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