Muerte y Nacimiento, dos caras de una “misma realidad”

¿Es dura la muerte? ¿Es dolorosa?
Se entiende que sí, al menos a nivel existencial, puesto que supone un cambio de vida en el que se degrada, destruye, desparece y en definitiva abandonamos todo lo que aparentemente somos, o dicho de otro modo todo lo que aparentamos ser, quizás mejor dicho sería que abandonamos esta forma de vida que el ser ha tomado o manifestado (O volvemos a lo “inmanifiesto” es decir devolvemos lo manifiesto para regresar a lo inmanifestado).
¿Es por este supuesto dolor por lo que ya no miramos de frente a un hecho tan natural como la muerte?
Sí es así, ¿Porque no se viven del mismo modo los nacimientos?
Es decir, al asistir a un nacimiento observamos un ser humano “morir a su estado anterior” para ser alumbrado, dado a luz en este mundo.
¿Deben entonces allá de donde venga esta “luz” celebrar un funeral?
Además podemos preguntar a cualquier madre, bien, quizás hoy en día ya no tantas gracias a los múltiples analgésicos para ciudadanos, si dejando de lado la maravilla de dar a luz, se trata de un momento doloroso a nivel existencial y físico. Y sobretodo sería más interesante que nos preguntaran al nacer si, por ejemplo, es doloroso recibir el primer aliento de aire a través del organismo o pasar de la placenta a sentir el aire en la piel y soportar la gravedad por uno mismo o que tal lo de pasar de la oscuridad absoluta a la luz permanente gracias a los artificios de occidente. Además, precisamente, un foco deslumbrando en la cara, cuando acabas de ser alumbrado, es de lo más probable que te vas a llevar al nacer, junto con la imagen del “diosecillo” de bata blanca que te recibe y que marcará, por el “bien” de tu seguridad social, el resto de tu vida. Por si fuera poco, esta autoridad médica puede ser el protagonista de los primeros cachetes que te lleves en tu vida, con el cariño y la humanidad que exige el esterilizado protocolo hospitalario, es decir, ninguno.
Cabria entonces la posibilidad de reflexionar a cerca tanto de los rituales del nacimiento y la muerte como en la manera en que se realizan sus preparativos y su celebración en un este mundo occidental globalizado.

Por ejemplo:
Es curioso como corre la noticia de que alguien va a dar a luz tan pronto se conoce un embarazo, aún sabiendo que siempre existe la remota posibilidad de un aborto, pero en cambio ni siquiera se habla abiertamente de la posibilidad de la muerte o del devolver a la luz, cuando ésta se asoma de manera evidente a la vida de un ser humano, aunque exista también la remota posibilidad de un aborto de muerte. De este modo se dificulta “el transito ordenado”, el facilitar que esa persona lo tenga “todo preparado” cuando le llegue la hora de marchar. Como, por ejemplo, se trata de hacer al recibirnos cuando llegamos a este mundo, colmándonos de estupideces materiales en su mayoría innecesarias. Se trata de lo mismo pero a la inversa, en el sentido de que al llegar se nos da todo y lo tomamos y al marchar debemos soltarlo y devolverlo.

Otro ejemplo podría ser como se trata por medio de “las autoridades gubernamentales y médicas”, el entorno social y familiar un embarazo. Con una falsa sobre-protección institucional permanente basada en el control, el miedo, las mil preocupaciones y posibilidades de complicaciones graves por remotas que sean. Las mil explicaciones y las charlas abiertas y evidentes alrededor del nacimiento esperado.
Por ejemplo: sencillamente con ver una mujer con barriga ya se pregunta ¿De cuanto tiempo estás? (A no ser que nos de miedo a preguntar no vaya a ser que sea un exceso de peso, en cuyo caso es mejor esperar por prudencia puesto que si es un embarazo probablemente se nos dirá). Charlas y tertulias que aunque en muchos casos no sean beneficiosas gracias a “la cultura del miedo imperante”, sí que se producen con una soltura que, mayoritariamente, no tiene lugar cuando los síntomas evidentes son los de la muerte, el desalumbramiento y no los del alumbramiento.
Ya que cuando se trata de la muerte, en el mejor de los casos si el implicado es sabedor con detalle del asunto, es decir, de que padece síntomas de que va a morir pronto, lo cual no siempre es así, y además lo expresa, lo cual sucede todavía con menor frecuencia, se puede encontrar en muchísimas ocasiones con respuestas como: “No será para tanto ya verás”, “Esto te lo quitan y listo” (aunque no te dicen para que quedas listo) o quizás en el mejor de los casos se expresa un “Que jodido, lo siento”. Esta bien sentir el dolor ajeno, quizás lo siento, pero el que seguro lo está sintiendo está en frente nuestro en ese momento, no sería más adecuado preguntar ¿Que sientes? ¿Como lo llevas? O ¿Como lo dejas?

Un ejemplo más podrán ser lo “diferentes” que son las reuniones alrededor de un recién nacido y un recién renacido o muerto. Como se puede observar sencillamente en las charlas que tienen lugar entre los asistentes a tales eventos, o por ejemplo en el número de personas que miran directamente el cuerpo del alumbrado o del des-alumbrado según el caso. Y sobretodo se nota lo que quiero expresar en el aire que se respira y el ambiente de esperanza por un lado y el de desconsuelo por el otro.

Existen infinidad de ejemplos en este sentido y ni tan si quiera creo que haya señalado los más importantes pero para terminar, de momento, querría destacar que del mismo modo que observo esta dualidad en ambos rituales, también observo que en algo si que se ha puesto de acuerdo esta sociedad: En convertir estos acontecimientos rituales y naturales, como hacen con todo lo existente e incluso lo inexistente, en un gran negocio, incluso castigando a quién se atreva a no perpetuar ambos negocios, el del nacimiento y el de la muerte. De este modo demuestran o pretenden demostrar cual es las casta gobernante, la de los mercaderes, que en su máxima degradación ya no trafica sólo con bienes materiales, sino que en su pretensión luciferina, es decir, engañosa, pretenden hacerlo con las emociones, el alma y el espíritu. Pues aquí estoy para que recuerden algo que quizás han olvidado o quizás nunca se ha comprendido, porque no hay mas sordo que el que no quiere oír. “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; más bien temed a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno”… Dijo Jesús según Mateo 27. Y añado que si en esas nos vemos y hacen perecer nuestra alma y cuerpo en el infierno deberemos rescatarnos a través del Mito de Orfeo y tras la “catábasis” no dejarnos perecer y proceder a la “anábasis” para volver como tantos “Héroes” de la humanidad nos han mostrado que es posible. Honor y Fuerza señoras y señores, para seguir transitando por esta sagrada Vida.

Apareador.

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