Españoles en el Mundo (Ibn Asad)

(Copio todo el artículo y comentarios tras la “desparición” de la web de Ibn Asad)
Publicada el 1 de mayo de 2015 a las 6:35
Oyendo hablar un hombre, fácil es
saber donde vio la luz del sol
Si alaba Inglaterra, será inglés
Si os habla mal de Prusia, es un francés
y si habla mal de España… es español.

En ese sentido nunca ejercí de buen español: hablo bien de esta poderosa tierra, de la tradición y de la nación que con ese nombre se identifica. España. ¿Seré el único español, a estas alturas, que no comprende la reacción alérgica que a algunos les produce escuchar esta palabra? España. A mí no me sale ningún sarpullido si la escucho o pronuncio. España. Palabra de la lengua española para referirse a lo que en otras lenguas se refirió como Hispania en latín o Isbania en árabe. ¿Acaso, como extranjero español, no puedo decir la palabra España como un francés, un italiano, un ingles, Espagne, Spagna, Spain? Reconozco no entenderlo y me temo que moriré en la ignorancia: ¿Qué hechizo cayó sobre esta voz? España, ya no como problema como dijo el filósofo, sino como maldición. España como la blasfemia existencial que definió el poeta, mi tocayo, León Felipe.

Por eso, como expatriado, lejos de esta tierra, ya sin grandes obras de su literatura por leer, ya sin la guitarra de buen luthier que vendí en algún lugar de mi periplo, sin ningún interés por el cine español, como vegetariano innato que rechaza de forma natural el jamón, la paella, las criadillas, la oreja y el rabo, lo único que me une a España es mi relación con los españoles. Y no son pocos los que encuentro por estas latitudes. Como dijo un viajero amigo (Sebastián Gómez), no importa en qué confín del planeta te encuentres, que allá donde estés, siempre te vas a topar con un australiano, un israelí y un español. Lo de los australianos se entiende porque tienen como hobbie adolescente procurarse un año sabático para hacer el ganso por los cinco contientes. Lo de los israelíes se debe a que se les recomienda darse un garbeo turístico después del servicio militar, supongo que para no acabar zumbados. Pero lo de los españoles, no se explica: ¿Por qué encuentras siempre a un español en cualquier trasero del mundo?

Mi teoría: la naturaleza del español es la expatriación. Los conquistadores extremeños, los indianos asturianos, los gallegos lunares, vascos que acabaron en Cuba o Argentina, castellanos o andaluces que se subieron a un tren destino Alemania… Existe una tendencia del español a la huida de su propia patria, casi frenética, como la de aquel que salta de la ventana de su hogar en llamas. Lo que une a todos los españoles que conozco por aquí es, además de esta lengua (el español), la pulsión al escapismo patriótico. Desmitifico cualquier espíritu conquistador, aventurero, intrépido… el español que está lejos de España lo suele estar por impotencia de cercanía, porque no le queda otra, porque está hasta los huevos de ella.

¿Otro denominador común de estos españoles rebotados que me encuentro? Su nobleza. Sigo pensando que en el corazón español, lo bueno abunda. Siempre hay alguna excepción, alguna alimaña provinciana a la que la agencia de viajes coloca en la Cochinchina, Pernambuco o Quimbambas. Ya me he encontrado tipos que se avergüenzan de ser identificados como españoles por otro español en lengua española lejos de España. Hay que ser cazurro para, por ejemplo, dirigirse en catalán al único hispanohablante que te vas a encontrar en cualquier antípoda de San Millán de la Cogolla. Como yo viví por un tiempo en los ya casi autoproclamados Països Catalans, por educación y por deseo de tener la fiesta en paz, pues uno a veces continúa la conversación en mal catalán. Sin embargo, en una ocasión, en la que lo paleto y el etnocentrismo chorra dieron paso a la vileza y al victimismo racista, tras ser abordado directamente en catalán, respondí en la lengua nativa del lugar donde estábamos. Al comprobar mi insistencia en hablar en un idioma que ellos no conocían, me replicaron en perfecto cristiano: “Eres un cabrón hijo de puta”. Al parecer, algunos separatistas anti-españoles usan la lengua de Cervantes para enunciar grandes verdades.
Comentarios:

Príncipe Luis de Prusia
7:31 Eel 4 Ee mayo Ee 2015
Pues no, no me gusta España, ni ha sido nunca de mi agrado. No tendría inconveniente alguno en marcharme de aquí, pero las ataduras me paralizan.
Lo cierto es que el resto de países tampoco me resultan demasiado atractivos; ni la vieja Europa, ni las nuevas Europas del otro lado del Atlántico. Tal vez algún rincón apartado tenga la “calidad” suficiente para señalarme el Oriente.
Desde los años tempranos de mi existencia pude darme cuenta del absurdo lugar en el que había nacido. Y desde entonces no salgo de mi triste asombro.

España es el país en el que todos los aspectos de la vida se pueden resolver de dos únicas maneras: o el garrote ancestral o la mala copia de los modelos extranjeros. La creatividad se agota en esos dos lamentables senderos.
Siempre debemos optar entre el fatalismo, la austeridad gris, la amargura agresiva, y la ilusión infantil por imitar los supuestos grandes logros de otros países, europeos o norteamericanos. ¿Existe algo original español además de lo rancio y apestoso de la pseudo-tradición española?

Ninguno de mis maestros de la materia y del Espíritu han sido españoles. Pocas son las excepciones. La maravilla de un Ibn Arabí nació en Murcia, pero no tardó demasiado en buscar el Oriente; la originalidad de la Cábala del Mediterráneo hispánico tuvo la duración de una cerilla encendida. Los supuestos Fieles de Amor en España fueron un pálido reflejo de un Cavalcanti o un Dante. Toda la literatura y la filosofía del Siglo de Oro, pese a su belleza y fuerza expresiva, rezuma en su práctica totalidad el fatalismo castrante y el tradicionalismo rancio carente por entero de Espíritu o de transparencia metafísica.

Ni siquiera la mística hispánica aporta gran cosa. Santa Teresa de jesús y San Juan de la Cruz: belleza en sus palabras, hondo ascetismo con fundamento espiritual, pero también amargura gris, expresionismo delirante a veces, mortificación y rigidez extrema… Es una mística voluntarista; esta muy lejos de la dulzura y transparencia metafísica de un Meister Eckhart, o de los maestros Sufíes, o de cualquier mística especulativa oriental.

Los Ilustrados españoles del siglo XVIII, aburridos, mundanos, nada originales, y muy muy infantiles. No muy distintos de los ridículos ilustrados europeos o americanos; pero ya se sabe, la copia de lo malo origina lo peor. El siglo XIX español: puedes observar sus aportaciones visitando cualquier vertedero o cloaca, pues solo encontrarás basura y residuos pútridos.

De los pensadores modernos españoles, poco de interesante. Ortega y Gasset, mente muy lúcida y brillante, pero incapaz de salir de los límites de la vida, en el sentido profano de la palabra. Ni un pequeño asomo profundo a lo trascendente, ni a lo inmanente. El resto de pensadores de su época, todos lamentables refritos de las paranoicas corrientes ideológicas políticas y artísticas del momento.

Y ahora, en el presente rabioso, nada…
¿Existe algo español de interés en nuestras entrañas? Algunos aportes tangenciales. Apenas me gusta la carne, pero no le hago ascos a ciertos embutidos ibéricos. No tengo atracción fatal por el alcohol, aunque disfruto con el vino español. Y el aceite de oliva, es lo único de España que logra que mis lágrimas abandonen el saturado almacén de mis ojos.

Ibn Asad
13:29 Eel 4 Ee mayo Ee 2015
Agudas reflexiones; son de agradecer.

A mí sí que me gusta España aunque pueda estar de acuerdo con algunas de sus afirmaciones. ¿Algo contemporáneo de interés en España? Le diría la música si no fuera porque, en efecto, toda ella también necesita mirarse en el espejo de lo que NIetzsche refirió con desprecio como “Cultura Europea”. Sin embargo, yo considero a Falla como un bello bicho raro.

¿Qué rayos tiene España en definitiva? Pues voy a ser sincero, aún más sincero que en el post: las españolas. España es la mujer que en ella vive. Carmen de Echalar es lo que hace atractivo a ese país, lo que hace que el de fuera venga y se quede (no la playa ni el jamón). Me refiero a las mujeres que supieron zafarse del convento y de la hoguera, que sobrevivieron a la Sección Femenina y al Tele5 de Emilio Aragón. Esa mujer es única, original; es española. El aceite italiano también es cojonudo. Lo del vino, hoy en día, psss… además de los franceses, hasta los chilenos y californianos hacen vinos que un buen catador no podría diferenciarlos de un español. ¿Su gastronomía? demasiado porcina para mi gusto. ¿Su pensamiento? Estoy de acuerdo, nada original. ¿Su mística? Un coñazo. Algo que sólo vas a encontrar en España es la española. En Italia, en Brasil, en Francia… (países que tienen en España fama de cachondos), se refieren a “la española” como una de las técnicas sexuales más placenteras para cualquier varón. Para mí la obra cumbre de la literatura no es El Quijote sino La Celestina.

Príncipe Luis de Prusia
7:42 Eel 5 Ee mayo Ee 2015
Hablemos de mujeres españolas. Ya se ha convertido en el único asunto nacional que es capaz de hacerme caer en ese fatalismo amargo que he criticado antes. No puedo evitar llevar ese gen español en mi triste joroba.

La mujer española ya no consigue diferenciar a un caballero de un patán, entre otras cosas porque hoy los patanes son legión, e imponen su lamentable expresión masculina. La mujer española se desgarra, se aniquila por dentro y por fuera, apura el cáliz de su autodestrucción hasta las heces; todo a cambio de una ocasional caricia o de un brutal mete-saca desprovisto de amor y respeto.

La mujer española unas veces se considera una Doña Inés, creyéndose su papel de redentora de donjuanes de pacotilla; y termina convirtiéndose en una monja llena de amargura y rencor. Otras veces, cuando es capaz de reconocer a un caballero, abandona en el mismo instante en el que la ilusión aparece en sus ojos, porque ella ya no se considera una señorita. Asegura que ni su cuerpo ni su alma darán la talla, y se convence de que su lugar está junto a un hombre zafio y vulgar.

La mujer española trabaja con una fuerza descomunal, en la oficina, en el hogar o en un bar nocturno. Y aun busca con desesperación el reconocimiento del compañero, del hombre que lejos de apoyarla, le regala a cambio una actitud de pereza desafiante.

La mujer española sacrifica su imagen ante el altar de una masculinidad degradada y degradante. Todo para contentar al hombre mezquino y soez; lo único que el cuerpo femenino puede ofrecer con ciertas garantías de éxito se reduce a dos partes sobresalientes: el trasero y la delantera.

Mal camino llevamos aquellos de nosotros, aprendices de Fieles de Amor, que todavía necesitamos ver a Dios a través de los ojos de una mujer, pues ella es la ventana de la Divinidad. Pero ella ya lo ha olvidado.

Por esas razones, con una frecuencia cada vez mayor, abandono mi carro de guerra y permanezco inmóvil; y yo no tengo la suerte de contar con los consejos de Krishna.

Ahora entiendo el porqué de mi creciente afición por ese vino español que no tiene nada de original.
Sam Olson
4:53 Eel 6 Ee mayo Ee 2015
La identidad de un pueblo se suele confundir con la “toma de conciencia” política y militar, las cuales sólo son posibles partiendo de un concepto: la Nación, es decir, el Estado Moderno surgido de la R. Francesa.

Para mí­, amigo Ibn Asad, el mejor libro es Gárgoris y Habidis.

¿Que no hay mujeres? Pues claro que las hay, por ejemplo, la mía. No me gustan los nihilistas, ni los charlatanes de darga antigua. Yo me enamoré de mi mujer, hace 15 años, y…no es ni sombra de la que era por aquel entonces. Creo que todo puede cambiar, y para demostrarlo está esta frase que cierra un libro tremendo: “Sólo la pura posibilidad puede carecer de fin”. Para comprender esto hay que estar muy “loco”, descerebrado, es decir, alejarse de Rene Descartes.

Hay residuos de esa España Antigua que sólo se puede CONOCER vía ósmosis, interiormente. Mujeres que pueden cambiar la vida de una persona cuando dialoga con ellas. Mujeres que lo fueron en todos los aspectos de la vida: madres, esposas, trabajadoras, compañeras, abuelas… Para muestra, esta vecina de mi aldea.

Pido disculpas por el anterior escrito, lo hice desde el teléfono de un amigo.

Que el manantial no deje de serlo.
Mira
18:55 Eel 1 Ee mayo Ee 2015
un saludo de una española en Suecia

Español
19:12 Eel 3 Ee mayo Ee 2015
Buenas… A mucha gente le da vergüenza opinar bien de España, en cambio no se les da mal saltar como posesos cuando la selección de fútbol marca un gol de los llamados importantes. En fin, doble rasero, doble lógica, doble personalidad y un sinfín de dobles. Tal vez por aquello de los pasodobles, o porque nos la meten doblada desde fuera (y desde dentro) y no sabemos de dónde vienen los tiros. Mucho es duplo: dos hemisferios cerebrales, dos varas de medir, dos carrillos (uno para cada partido político, los habituales; para que te los inflen a hostias o a mentiras). España es lo que es, la tierra, el idioma (el que corresponda), y sobre todo un sentimiento, no tanto una emoción. A quien no le guste España, que se vaya, que se joda o… que despierte, porque, al paso que vamos, como se descuide, cuando abra los ojos se dará cuenta de que habita en una región, de la UE, de la ONU, o quién sabe, igual de una siglas todavía no conocidas por el gran público…

Príncipe Luis de Prusia
7:31 Eel 4 Ee mayo Ee 2015
Pues no, no me gusta España, ni ha sido nunca de mi agrado. No tendría inconveniente alguno en marcharme de aquí, pero las ataduras me paralizan.
Lo cierto es que el resto de países tampoco me resultan demasiado atractivos; ni la vieja Europa, ni las nuevas Europas del otro lado del Atlántico. Tal vez algún rincón apartado tenga la “calidad” suficiente para señalarme el Oriente.
Desde los años tempranos de mi existencia pude darme cuenta del absurdo lugar en el que había nacido. Y desde entonces no salgo de mi triste asombro.

España es el país en el que todos los aspectos de la vida se pueden resolver de dos únicas maneras: o el garrote ancestral o la mala copia de los modelos extranjeros. La creatividad se agota en esos dos lamentables senderos.
Siempre debemos optar entre el fatalismo, la austeridad gris, la amargura agresiva, y la ilusión infantil por imitar los supuestos grandes logros de otros países, europeos o norteamericanos. ¿Existe algo original español además de lo rancio y apestoso de la pseudo-tradición española?

Ninguno de mis maestros de la materia y del Espíritu han sido españoles. Pocas son las excepciones. La maravilla de un Ibn Arabí nació en Murcia, pero no tardó demasiado en buscar el Oriente; la originalidad de la Cábala del Mediterráneo hispánico tuvo la duración de una cerilla encendida. Los supuestos Fieles de Amor en España fueron un pálido reflejo de un Cavalcanti o un Dante. Toda la literatura y la filosofía del Siglo de Oro, pese a su belleza y fuerza expresiva, rezuma en su práctica totalidad el fatalismo castrante y el tradicionalismo rancio carente por entero de Espíritu o de transparencia metafísica.

Ni siquiera la mística hispánica aporta gran cosa. Santa Teresa de jesús y San Juan de la Cruz: belleza en sus palabras, hondo ascetismo con fundamento espiritual, pero también amargura gris, expresionismo delirante a veces, mortificación y rigidez extrema… Es una mística voluntarista; esta muy lejos de la dulzura y transparencia metafísica de un Meister Eckhart, o de los maestros Sufíes, o de cualquier mística especulativa oriental.

Los Ilustrados españoles del siglo XVIII, aburridos, mundanos, nada originales, y muy muy infantiles. No muy distintos de los ridículos ilustrados europeos o americanos; pero ya se sabe, la copia de lo malo origina lo peor. El siglo XIX español: puedes observar sus aportaciones visitando cualquier vertedero o cloaca, pues solo encontrarás basura y residuos pútridos.

De los pensadores modernos españoles, poco de interesante. Ortega y Gasset, mente muy lúcida y brillante, pero incapaz de salir de los límites de la vida, en el sentido profano de la palabra. Ni un pequeño asomo profundo a lo trascendente, ni a lo inmanente. El resto de pensadores de su época, todos lamentables refritos de las paranoicas corrientes ideológicas políticas y artísticas del momento.

Y ahora, en el presente rabioso, nada…
¿Existe algo español de interés en nuestras entrañas? Algunos aportes tangenciales. Apenas me gusta la carne, pero no le hago ascos a ciertos embutidos ibéricos. No tengo atracción fatal por el alcohol, aunque disfruto con el vino español. Y el aceite de oliva, es lo único de España que logra que mis lágrimas abandonen el saturado almacén de mis ojos.

Ibn Asad
13:29 Eel 4 Ee mayo Ee 2015
Agudas reflexiones; son de agradecer.

A mí sí que me gusta España aunque pueda estar de acuerdo con algunas de sus afirmaciones. ¿Algo contemporáneo de interés en España? Le diría la música si no fuera porque, en efecto, toda ella también necesita mirarse en el espejo de lo que NIetzsche refirió con desprecio como “Cultura Europea”. Sin embargo, yo considero a Falla como un bello bicho raro.

¿Qué rayos tiene España en definitiva? Pues voy a ser sincero, aún más sincero que en el post: las españolas. España es la mujer que en ella vive. Carmen de Echalar es lo que hace atractivo a ese país, lo que hace que el de fuera venga y se quede (no la playa ni el jamón). Me refiero a las mujeres que supieron zafarse del convento y de la hoguera, que sobrevivieron a la Sección Femenina y al Tele5 de Emilio Aragón. Esa mujer es única, original; es española. El aceite italiano también es cojonudo. Lo del vino, hoy en día, psss… además de los franceses, hasta los chilenos y californianos hacen vinos que un buen catador no podría diferenciarlos de un español. ¿Su gastronomía? demasiado porcina para mi gusto. ¿Su pensamiento? Estoy de acuerdo, nada original. ¿Su mística? Un coñazo. Algo que sólo vas a encontrar en España es la española. En Italia, en Brasil, en Francia… (países que tienen en España fama de cachondos), se refieren a “la española” como una de las técnicas sexuales más placenteras para cualquier varón. Para mí la obra cumbre de la literatura no es El Quijote sino La Celestina.
Príncipe Luis de Prusia dice…
Pues no, no me gusta España, ni ha sido nunca de mi agrado. No tendría inconveniente alguno en marcharme de aquí, pero las ataduras me paralizan.
Lo cierto es que el resto de países tampoco me resultan demasiado atractivos; ni la vieja Europa, ni las nuevas Europas del otro lado del Atlántico. Tal vez algún rincón apartado tenga la “calidad” suficiente para señalarme el Oriente.
Desde los años tempranos de mi existencia pude darme cuenta del absurdo lugar en el que había nacido. Y desde entonces no salgo de mi triste asombro.

España es el país en el que todos los aspectos de la vida se pueden resolver de dos únicas maneras: o el garrote ancestral o la mala copia de los modelos extranjeros. La creatividad se agota en esos dos lamentables senderos.
Siempre debemos optar entre el fatalismo, la austeridad gris, la amargura agresiva, y la ilusión infantil por imitar los supuestos grandes logros de otros países, europeos o norteamericanos. ¿Existe algo original español además de lo rancio y apestoso de la pseudo-tradición española?

Ninguno de mis maestros de la materia y del Espíritu han sido españoles. Pocas son las excepciones. La maravilla de un Ibn Arabí nació en Murcia, pero no tardó demasiado en buscar el Oriente; la originalidad de la Cábala del Mediterráneo hispánico tuvo la duración de una cerilla encendida. Los supuestos Fieles de Amor en España fueron un pálido reflejo de un Cavalcanti o un Dante. Toda la literatura y la filosofía del Siglo de Oro, pese a su belleza y fuerza expresiva, rezuma en su práctica totalidad el fatalismo castrante y el tradicionalismo rancio carente por entero de Espíritu o de transparencia metafísica.

Ni siquiera la mística hispánica aporta gran cosa. Santa Teresa de jesús y San Juan de la Cruz: belleza en sus palabras, hondo ascetismo con fundamento espiritual, pero también amargura gris, expresionismo delirante a veces, mortificación y rigidez extrema… Es una mística voluntarista; esta muy lejos de la dulzura y transparencia metafísica de un Meister Eckhart, o de los maestros Sufíes, o de cualquier mística especulativa oriental.

Los Ilustrados españoles del siglo XVIII, aburridos, mundanos, nada originales, y muy muy infantiles. No muy distintos de los ridículos ilustrados europeos o americanos; pero ya se sabe, la copia de lo malo origina lo peor. El siglo XIX español: puedes observar sus aportaciones visitando cualquier vertedero o cloaca, pues solo encontrarás basura y residuos pútridos.

De los pensadores modernos españoles, poco de interesante. Ortega y Gasset, mente muy lúcida y brillante, pero incapaz de salir de los límites de la vida, en el sentido profano de la palabra. Ni un pequeño asomo profundo a lo trascendente, ni a lo inmanente. El resto de pensadores de su época, todos lamentables refritos de las paranoicas corrientes ideológicas políticas y artísticas del momento.

Y ahora, en el presente rabioso, nada…
¿Existe algo español de interés en nuestras entrañas? Algunos aportes tangenciales. Apenas me gusta la carne, pero no le hago ascos a ciertos embutidos ibéricos. No tengo atracción fatal por el alcohol, aunque disfruto con el vino español. Y el aceite de oliva, es lo único de España que logra que mis lágrimas abandonen el saturado almacén de mis ojos.

A.B.
19:28 Eel 4 Ee mayo Ee 2015
Buenas.

Puestos a no hacer leña del árbol caído y lanzar piropos a España (pues como español, tengo sobrados motivos para sacar la mano a pasear) diría que mi principal motivo de amor hacia este insufrible país, lo que realmente echo de menos cuando estoy fuera y que fuera sólo he encontrado en el norte de África es su ritmo vital. Su ambiente, su poco aprecio hacia para lo privado en la forma de relacionarse socialmente, su vida de calle, de tribu. Es innegable lo agradable que es pasear por cualquier pueblo o ciudad de este país una vez concluído el ‘horario comercial’. Obviemos por supuesto las zonas costeras en forma de parque temático con alcohol barato apto para los del norte de Europa-. Una tarde cualquiera en Suiza es suficiente para sufrir la peor de las saudades… y esto lo escribe una persona poco sospechosa de ser especialmente sociable.

Por último, mi elección personal como obra cumbre española recae en La lozana andaluza, que por cierto, es toda ella un homenaje a La Celestina (publicada unos 30 años antes) y atribuída a un exiliado español también enamorado y hasta los cojones de España.

Marmat66@ymail.com
5:30 Eel 5 Ee mayo Ee 2015
Pues no, tampoco a mi me gusta España .
Su cainismo ,sus fiestas salvajes, su envidia ,su rencor,su horterismo, y no sigo.
.Tambien a mi me paso, de darme cuenta a edad temprana en que estúpido país había nacido.
Irme definitivamente, si hubiera podido ….anda que no lo hubiera hecho.
I si, yo hablo mal de España aquí y fuera de aquí donde vaya y me pregunten.
A mi no me queda ni el consuelo de las mujeres españolas como dices.
Mar
Príncipe Luis de Prusia
7:42 Eel 5 Ee mayo Ee 2015
Hablemos de mujeres españolas. Ya se ha convertido en el único asunto nacional que es capaz de hacerme caer en ese fatalismo amargo que he criticado antes. No puedo evitar llevar ese gen español en mi triste joroba.

La mujer española ya no consigue diferenciar a un caballero de un patán, entre otras cosas porque hoy los patanes son legión, e imponen su lamentable expresión masculina. La mujer española se desgarra, se aniquila por dentro y por fuera, apura el cáliz de su autodestrucción hasta las heces; todo a cambio de una ocasional caricia o de un brutal mete-saca desprovisto de amor y respeto.

La mujer española unas veces se considera una Doña Inés, creyéndose su papel de redentora de donjuanes de pacotilla; y termina convirtiéndose en una monja llena de amargura y rencor. Otras veces, cuando es capaz de reconocer a un caballero, abandona en el mismo instante en el que la ilusión aparece en sus ojos, porque ella ya no se considera una señorita. Asegura que ni su cuerpo ni su alma darán la talla, y se convence de que su lugar está junto a un hombre zafio y vulgar.

La mujer española trabaja con una fuerza descomunal, en la oficina, en el hogar o en un bar nocturno. Y aun busca con desesperación el reconocimiento del compañero, del hombre que lejos de apoyarla, le regala a cambio una actitud de pereza desafiante.

La mujer española sacrifica su imagen ante el altar de una masculinidad degradada y degradante. Todo para contentar al hombre mezquino y soez; lo único que el cuerpo femenino puede ofrecer con ciertas garantías de éxito se reduce a dos partes sobresalientes: el trasero y la delantera.

Mal camino llevamos aquellos de nosotros, aprendices de Fieles de Amor, que todavía necesitamos ver a Dios a través de los ojos de una mujer, pues ella es la ventana de la Divinidad. Pero ella ya lo ha olvidado.

Por esas razones, con una frecuencia cada vez mayor, abandono mi carro de guerra y permanezco inmóvil; y yo no tengo la suerte de contar con los consejos de Krishna.

Ahora entiendo el porqué de mi creciente afición por ese vino español que no tiene nada de original.

Pedrete
13:38 Eel 5 Ee mayo Ee 2015
un aplauso para el príncipe Luis de Prusia

Sam olson
17:29 Eel 5 Ee mayo Ee 2015
La identidad de un pueblo se suele confundir con la “toma de conciencia” política y militar, las cuales solo son posibles partiendo de un concepto: la Nación, es decir, el Estado Moderno surgido de la R. Francesa.

Para mí, amigo Ibn Asad, el mejor libro es Gárgoris y Habidis.

¿Qué no hay mujeres? Para muestra un botón…

La identidad de un pueblo se suele confundir con la “toma de conciencia” política y militar, las cuales solo son posibles partiendo de un concepto: la Nación, es decir, el Estado Moderno surgido de la R. Francesa.

Para mí, amigo Ibn Asad, el mejor libro es Gárgoris y Habidis. Pero quiero ir más allá, a la Tradición Oral

Sam Olson
4:53 Eel 6 Ee mayo Ee 2015
La identidad de un pueblo se suele confundir con la “toma de conciencia” política y militar, las cuales sólo son posibles partiendo de un concepto: la Nación, es decir, el Estado Moderno surgido de la R. Francesa.

Para mí­, amigo Ibn Asad, el mejor libro es Gárgoris y Habidis.

¿Que no hay mujeres? Pues claro que las hay, por ejemplo, la mía. No me gustan los nihilistas, ni los charlatanes de darga antigua. Yo me enamoré de mi mujer, hace 15 años, y…no es ni sombra de la que era por aquel entonces. Creo que todo puede cambiar, y para demostrarlo está esta frase que cierra un libro tremendo: “Sólo la pura posibilidad puede carecer de fin”. Para comprender esto hay que estar muy “loco”, descerebrado, es decir, alejarse de Rene Descartes.

Hay residuos de esa España Antigua que sólo se puede CONOCER vía ósmosis, interiormente. Mujeres que pueden cambiar la vida de una persona cuando dialoga con ellas. Mujeres que lo fueron en todos los aspectos de la vida: madres, esposas, trabajadoras, compañeras, abuelas… Para muestra, esta vecina de mi aldea.

Pido disculpas por el anterior escrito, lo hice desde el teléfono de un amigo.

Que el manantial no deje de serlo.

Príncipe Luis de Prusia
8:55 Eel 6 Ee mayo Ee 2015
Mujeres, haberlas, haylas. Pero mujeres con conciencia de lo que significa su feminidad, pocas. De éstas últimas, que también sepan lo que es la masculinidad, la mitad. Y de esta mitad, que sepan lo que significa Amar, una cuarta parte.

Los nihilistas perpetuos son aburridos y ególatras de opereta. Pero aquel que nunca tiene o ha tenido un momento de nihilismo, no se ha enterado de nada; de nada de lo que significa vivir, buceando continuamente en las profundidades, luminosas y oscuras, del alma humana. Arjuna es el arquetipo.

Los charlatanes… sí, pueden llegar a ser insufribles e irritantes, pero a veces tienen momentos de brillantez, como le ocurre al autor de Gárgoris y Habidis.

Sin duda una conversación auténtica con una mujer puede cambiar la propia vida. Lo difícil hoy día es lograr que una mujer se siente contigo a hablar. Conseguir que una mujer se beba tranquilamente un café contigo, para fabricar juntos un momento de comunicación humana real, ya es considerado un milagro para cualquier hombre cabal. ¡Qué tío más raro si no quiere ir directamente al mete-saca!

Recuerdo mi última conversación con una chica. Joven, preciosa, inteligente, educada… Sentados delante de unas cervezas y unas tapas, todo muy español. Yo intentaba descubrir a esa persona: sus gestos, sus palabras, sus sentimientos. Ella estaba molesta: yo apenas reparaba en su escote, ni mostraba las babas de rigor; ni clavaba mis ojos lacrimosos en su vaquero ceñido. No tardó en concluir el asunto, y con una mirada grave y condescendiente me formuló la pregunta: ¿No te has planteado si eres maricón?

Ibn Asad
14:33 Eel 6 Ee mayo Ee 2015
Reconozco no poder acompañar las disertaciones del Príncipe Luis sobre las españolas, a pesar de la vitalidad que encuentro en ellas. No sé. Quizás me falten datos. Una española presa del mito de Doña Inés… no acabo de verlo. Con toda sinceridad, opino lo contrario: como todas las mujeres de libido macerada en un Catolicismo secular, pienso que la española es, por lo general, una depredadora sexual. Sólo comparable con la polaca y la italiana, y por extensión, las argentinas, etc. No creo que sea raro el tío que no va directamente al mete-saca… ¡Hoy es al contrario! Eso es un cliché invertido en la propia realidad: hoy en día es la mujer la obsesa que impone la prisa y la urgencia para el contacto sexual. Observa a un grupo de chicos y chicas adolescentes: ellos están al fútbol, la música, los libros a quien le guste leer, los juegos, la amistad, quizás las drogas… mientras ellas giran sólo y exclusivamente entorno a la idea del sexo (sexo sí, sexo no, sexo con quién, sexo cuándo…). Y en edades ya adultas, pasa lo mismo, y sobre todo en España: conozco muchos tipos muy válidos con intereses y energías ajenas al folleteo, que pueden sentarse con una mujer guapa abiertos al aprendizaje y al conocimiento… mientras reconozco ya a muy poquitas chicas que no estén en un encuentro con un hombre sin el pensamiento “para meterme el pirulí no hace falta todo ese rollo, socapullo”. No creo que esto sea exclusivo de España, es un fenómeno global. ¿Quizás en 2015 ya se ha invertido totalmente el rol sexual y nadie se atreve a decirlo? Yo creo que sí, e identifico como mojón cultural el fenómeno Shades of Grey. Algo ha pasado que ya no tiene vuelta atrás: en 2015 un Caballero como el Príncipe Luis se va a tener que topar con violadoras, eyaculadoras precoces, egoístas sexuales, sádicas… Esto es nuevo: no hay precedentes ni literatura al respecto que pueda ayudar.
Pues es cierto; el Propietario dice verdad. La tendencia se ha invertido y el camino neurótico iniciado por las depredadoras es ya un hecho dolorosamente verificable. Precisamente es lo que señalo en los dos últimos párrafos de mi anterior comentario.

Lo triste es que la libido tampoco circula así. Puede dar esa impresión, pero es un puro espejismo. En realidad, la libido en el ser humano solo puede moverse correctamente
mediante la experiencia interna y externa de una Pasión, con mayúscula. No a través de las mal llamadas pasiones espasmódicas de corto alcance. Todo es pendular: de un estancamiento se pasa a otro, con el agravante del desgaste inútil.

Respecto a la tipología Doña Inés, puedo constatar su supervivencia, o más bien su extraño remozamiento. Y no es en absoluto incompatible con la tendencia generalizada antes mencionada. Tal vez se trate de una versión actualizada de la clásica mitomanía.
Doy testimonio: mujeres jóvenes, atractivas e inteligentes, que buscan vivir una pasión auténtica. También utilizan el sexo salvaje, pero tan solo como un medio, un instrumento, sin disfrute alguno; y a corto plazo acaban despreciando cualquier forma de práctica sexual. El problema patológico radica en la elección del objetivo de su pasión: hombres mediocres rodeados de un falso barniz de brillo vanidoso: profesores de universidad, músicos de rebeldía estereotipada, DJ o barman de local nocturno, etc. Hombres de micropene bravío, sin alcance emocional alguno, que se vanaglorian de no perseguir o respetar compromiso cualquiera . Son los pequeños dioses desmejorados a los que estas mujeres le dedican total admiración y una dedicación absoluta, a costa de su salud física y mental. Como abnegadas redentoras de estos impenitentes, acaban agotadas y con las manos y la entrepierna vacías. Resultado: o amargura monjil o revancha sexual desenfrenada y estéril.

En fin, ¿Qué nos queda? Mientras aguardamos que suceda el milagro de un encuentro extraordinario, cortaremos las cabezas de esas depredadoras rebosantes de fluidos nauseabundos, propios y ajenos. Derramaremos sangre sin misericordia, aunque perdamos la vida en el combate.

Ibn Asad
6:37 Eel 8 Ee mayo Ee 2015
Mi postura actual frente al Amor, las Mujeres, la Muerte, la ha sintetizado en una frase el Príncipe Luis, muchísimo mejor de lo que yo sería capaz:

“En fin, ¿Qué nos queda? Mientras aguardamos que suceda el milagro de un encuentro extraordinario, cortaremos las cabezas de esas depredadoras rebosantes de fluidos nauseabundos, propios y ajenos. Derramaremos sangre sin misericordia, aunque perdamos la vida en el combate.”

No son mías estas palabras, son de otro y al mismo tiempo las identifico como nuestras. Eso es, en definitiva, España: no un proyecto político, sino una oculta primera persona del plural, un overmind supra-histórico, una misión espiritual de unos tipos rotos entre ruinas que -¡hay que echarle huevos!- a estas alturas quieren seguir dando guerra.

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