El Diablo y yo (Ibn Asad)

(Copio todo el artículo tras la “desparición” de la web de Ibn Asad)

Ya está disponible mi último estudio musical Me and the Devil (My Dark Journey through Delta Blues Tradition), un extravagante experimento que grabé una tarde con una guitarra descacharrada como registro de un proceso mucho más amplio, un minucioso estudio que inicié cuando, con quince años, escuché por primera vez a Robert Johnson.
Copia y pega: https://ibnasad.bandcamp.com/album/me-and-the-devil
En 2005 escribí un ensayo titulado “Magia, Satanismo y Rhythm&Blues” que, a pesar de nunca haberse publicado -al parecer, nadie se interesó por él lo suficiente-, influyó a otros autores y fue la fuente para escribir el apartado “Industria de la Mùsica” de La Danza Final de Kali. Quizás ahora algunos se sorprendan al oírme tocar la guitarra así e interesarme por esto… ¿Pues qué tienen que ver el Blues con la Música Indostaní?


En el blog de Drongomala ya se señalaron las simetrías musicológicas y mitológicas entre Robert Johnson y cierta música indoaria, el Raga Malkauns. Malkauns es un raga asociado a ciertos poderes y misterios shivaístas que, desde la perspectiva occidental, sólo pueden valorarse como “luciferinos”. Malkauns es, en su origen, una melodía pentatónica (como la mayoría de la música shivaísta y como el Blues mismo) . Música nocturna, interpretada en los cruces de caminos o camposantos (o crematorios, en India) como medio de comunicación entre el aquí y el más allá. Tanto el músico de Malkauns como el Bluesman, hacen en esencia lo mismo: tocan las coordenadas sonoras que despiertan las energías latentes y sutiles del ser humano. Se trata de una misma energía, en el Mississippi, en el Ganges o en el Ebro… una energía tan potente como peligrosa.
¿Es satánico el Blues? No en su conjunto, por supuesto. Pero ciñéndonos a cierto tipo de Blues, el maldito, el de los proscritos del Delta, pecadores, pendencieros, delincuentes, excluídos de la Iglesia Baptista, desde esta perspectiva religiosa, sí: el Blues es satánico. Explícitamente. No cabe duda. Tal y como muestra el pacto con el Maligno que hizo Robert Johnson en un cruce de caminos.
Aquí les presento mi estudio: Me and The Devil, Mi oscuro viaje por la tradición del Blues del Delta. ( https://ibnasad.bandcamp.com/album/me-and-the-devil ) Un paseo por el lado siniestro, una bajada musical a los infiernos. Si esta forma musical es satánica, a nosotros, audaces buscadores de tesoros, nos resulta irrelevante: Dios y el Diablo, ángeles y demonios, el bien y el mal de un mismo mundo, sólo nos interesan como complementos mutuos para el acceso a un conocimiento integral de la realidad. Somos aspirantes a ese conocimiento; somos músicos.

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