Saura Yatra – El Viaje del Sol (Ibn Asad)

(Copio todo el artículo tras la “desparición” de la web de Ibn Asad)

¿Quién dijo que http://www.ibnasad.com era una de las pocas webs que no tenían publicidad? Cada semana me llegan decenas de emails (¡qué digo! ¡Cientos…! ¡Miles…! ¡Tal vez millones!) felicitándome por la ausencia de anuncios comerciales en esta página. A los que buscan mi música o mis escritos no les gusta encontrarse cartelotes publicitarios o invitaciones intermitentes para leer la Biblia, hacerse rico desde casa o encontrar pareja por internet. Imagine el lector que mientras estuviera leyendo este post, se le estuviera induciendo a comprar filtros alcalinizadores de agua, colgantes de piedras mágicas o camisetas en tres tamaños (M, L, XL). A mis seguidores les gusta saber que eso jamás va a ocurrir. Se agradecen las felicitaciones… aun siendo inmerecidas puesto que…¡sí que hay publicidad en esta web!

Desde este mes de Agosto está disponible mi último disco Saura Yatra (El Viaje del Sol), un trabajo recopilatorio de lo que fue una serie de recitales nocturnos del Raga Jog al esraj. Es mi primera grabación publicada íntegramente para este instrumento que descubrí recientemente tras un viaje interior (y exterior) al más achicharrante calor que nunca experimenté. El esraj es un instrumento de cuerda propio del noroeste de India, cuyo nacimiento supuso una reciente actualización del antiquísimo sarangi. El sarangi es el tosco instrumento de cuerdas frotadas de tripa de cabra que, según mi opinión, sería el candidato con más opciones para declararse el más antiguo instrumento de cuerda, no ya de India, sino de la humanidad. Hay un sarangi indio, pero también hay una variante del sarangi nepalí, chino, mongol, malayo… en una forma instrumental que acompañó al ser humano posiblemente desde sus albores. Se trata del tatarabuelo del europeo violín que, incluso hoy en el S.XXI, dice ser tocado con un arco hecho de crin de caballo de Mongolia. Esos caballos, originalmente, no serían tan mongoles en exclusiva, sino de cualquier comunidad ganadera aria de las estepas que, vía Nepal, Tibet, Cachemira y toda la región a lo largo y ancho de la Cordillera del Himalaya, conformaron la Civilización Indoaria.
El esraj (o dilruba, en otras regiones, con mínimas diferencias de forma) es un sarangi actualizado a una necesidad concreta reciente. En la época de dominio político turcomongol, en los países indostaníes, se valoraba a las cortesanas y damas de compañía que supieran cantar y tocar algún instrumento (generalmente, la veena o el sarangi). Ocurre que el sarangi no se toca con las yemas de los dedos, sino con las uñas (o con la base de las mismas). Por ello, el tocador de sarangi acababa con los dedos deformados y las uñas con un aspecto lamentable. La coquetería de la mujer exigía un sarangi que no destrozara sus cuidadas uñas, pues ella quería tocar el instrumento pero, al mismo tiempo, seguir estando guapísima con sus delicadas manos. Para satisfacer este capricho femenino, el inventor (o inventora, supongo) del esraj concibió un sarangi trasteado al modo del sitar, con cuerdas metálicas y que pudiera ser tocado con las yemas de los dedos. Yo toco ambos, sarangi y esraj, y me gusta identificar a cada uno como la versión masculina y la versión femenina de un mismo concepto. Para este caso elegí tocar mi órgano musical femenino.

Sin embargo, esta música (Saura yatra) aun interpretada a través de un instrumento para muchachas presumidas (quien me conoce sabe que esto lo digo con el más reverencial y amoroso de los respetos) está inspirada íntegramente en el Sol, en el principio masculino que ejerce de verdadero elemento agente de la interpretación. Bajo ese Sol de justicia, sólo se podía trabajar y tocar (incluso respirar) por la noche. Por lo tanto, durante el día, me dedicaba a la meditación, a ciertos ejercicios respiratorios (pranayama) y a moverme lo menos posible. Durante ese retiro, pensé en el Sol que me apisonaba, no como ese astro rey inmóvil que nuestra anquilosada visión heliocéntrica nos ha impuesto en las escuelas, sino como lo que es en realidad: una estrella moviéndose a más de 792.000 kilómetros por hora, en un viaje fascinante desde quién sabe dónde hasta su colapso inevitable en algún rincón rutilante de nuestra galaxia. Un Sol dinámico que deja a su paso una estela de atracción en la que nos hemos agarrado para poder orbitar a su alrededor y vivir. Una ola de fuego en cuya cresta surfea nuestro joven planeta consciente de que más temprano que tarde, se revolcará en ese ígneo mar como pasto de las llamas. Un inmenso volcán volador que surca veloz el vacío de un universo que quiere merendarlo. Mientras evitaba exteriormente cualquier movimiento, en mi interior, la visión de este Sol en viaje, bailarín, peregrino, inspiró la música que recoge este disco. Un disco, valga la redundante chorrada, circular, como el Sol mismo y como su loco trayecto alrededor de sabe Dios qué centro. Casi una hora de música y meditación con más de 30 grados a la sombra, que quiero compartir con ustedes.

Ah… compartir… Aquí está lo que me delata como publicista: todo anuncio tiene un gancho y este yo quiero desengancharlo. Otro motivo de felicitación que recibo via email es el siguiente: ¡Gracias por compartir tus libros y tus discos con nosotros! Y está bien… muy bien… tengo la suerte de poder escribir, estudiar y hacer música sin pensar en el dinero ni en la rentabilidad económica. Y me gusta compartir mis cosas con personas que lo agradecen y que saben retribuir con creces lo que se les da. Son la mayoría. Sin embargo no nos confundamos: aquellos que leen mis libros o escuchan mi música sin ni tan si quiera dar las gracias, no participan de ningún verbo “compartir” sino de la acción de “robar”. Y resulta absurdo robar un libro o un disco que no exige ser pagado. Basta con pedirlo, basta con agradecerlo, basta con devolverlo de la forma que se prefiera. A mí me gustaría encontrar la manera de trocar mis libros y discos, por especias de mis seguidores: le envío El Hijo del León a un agricultor de Jaén y él me lo paga con un buen bote de aceitunas, le envío La Rueda de los Cuatro Brazos a un sastre y él me envía un pantalón, le envío un ejemplar de La Danza Final de Kali a una panadera y ella me devuelve una bolsa de magdalenas… eso sería lo ideal. Pero como nos encontramos lejos de cualquier ideal y tú estás en busca de alguno que sea justo, empieza pagando por lo que valoras. ¿Con dinero? Pues con dinero. La descarga de Saura Yatra cuesta cinco euros, un precio simbólico para retribuir el esfuerzo de alguien que estudia algo aún libre de los tentáculos de la Industria Musical (diseccionada por Aldo Narejos en sus videos), una música aún artesanal, un trabajo que no tiene precio aunque se lo intenten poner. Por favor, escuchen esta música para disfrutar de ella, mientras trabajan, mientras se relajan al final del día, mientras juegan con sus hijos… Si la escuchan así, de veras, no me importa que paguen o no paguen dinero por ella. Ahora bien: si descargan la música para dar al play y dar al stop como un producto industrial de entretenimiento más, con el mismo desdén por el trabajo y el esfuerzo que el de aquellos que se hacen millonarios con el mal gusto y la farándula pseudocultural… entonces, paguen. Van a pagar por ello: cinco euros. Ya ven que tampoco me merezco felicitaciones por lo generoso y desinteresado que soy.

Todo el dinero que gano en música, lo invierto en más música. Todo el dinero que gano con libros, lo invierto en más libros. Todo el dinero que gano con la producción de alimento lo invierto en mi alimento. Este es mi Decálogo de Economía, que de tan bueno que es, por economizar economizo hasta sus enunciados: de diez mandamientos, me sobran siete y me basto con tres. Y todo lo que aprendo durante un viaje lo expongo en otro viaje, en este caso, les invito a viajar (pueden pagar billete de ida y vuelta, o pueden ir de polizones) junto a un Sol que de tanto calentar, zumba, vibra, suena. Esta es la melodía de su movimiento, Saura Yatra (El Viaje del Sol), un disco que quema cuando lo oyes y ciega si lo miras.

Comentario por mi parte:

Pues sí que es un buen gancho la humanidad que transmite toda tu obra, me parece la mejor de las publicidades, para empezar porque a día de hoy resulta ser la “más revolucionaria” de las publicidades, por su inexistencia en el “mundo mediático” y su industria productora de productos industriales, (¿”Rebuznante”? Sí) parece que en ocasiones cabe recordarlo, como tan bien hace Aldo Narejos y también le agradecí a él en algún mensaje su maestría para hacer sencillo lo que tan complicado parece a “los ojos” de muchos, sino recuerdo mal también le recomendé seguir tu obra, desconozco si la conocía.

Entiendo que no se vea como publicidad “tu estilo”, porque justamente, no se “estila” y por lo tanto no esta de moda, además, no se relaciona la claridad, la verdad, la humanidad, la fidelidad, la honradez, la humildad, la maestría con la publicidad por parte de quién aun cree verdaderamente en estos “valores”, los admira para aprender de ellos y con valor aún los defiende mal que pese.

Quería darte las gracias una vez más, en general por tu “interminable” obra y “registros”, repleta de conocimiento y de apuntes a la verdad, esa verdad que como el sol “quema” y a la que tantas veces se le da la espalda por más que esta parece “apretar”, dando la sensación de que como más máscaras aparenta “la mentira”, más arde la verdad para acabar con ellas. Cuanto más cerca parece la imposición de “la mentira” más cerca esta de imponerse “la verdad”, ¿cual verdad? pues desde mi ignorancia, yo diría que la de siempre, pues no hay otra, la única, esa que de una manera u otra “molesta” por “incómoda”, y ¿no sería más lógico conocer la verdad a fondo para “acomodarse” en ella? Quizás lo que resulta incómodo hoy en día es que la verdad, además de “doler” en muchos casos, lo que si que está claro es que no se puede poseer y ese “principio” que parece inalterable, también parece inaceptable para muchas mayorías de ¿personas? o ¿cantidades? que forman una “inmensa mayoría”.

También gratitudes en particular por este disco que además usa un buen gancho hasta para los que valoran el dinero, y es su precio ¿5€? (Recuerda los antiguos no pagues más de 1000 pesetas por este disco). Aun no lo he escuchado aunque debo afinar mucho aún antes de poder “valorar” tu obra musical en la medida que la entiendo, pero si quiero apuntar que es de agradecer tu artículo, por presentar los instrumentos y sus orígenes, y especialmente que expongas el punto de origen de tu obra y “las condiciones” en que la “concebiste” y grabaste, para podernos situar al escucharlo, o dicho de otra manera, por decirnos de que va el disco con tanta claridad.

Un Saludo Ibn Asad.
Gracias por mantenerte “inmóvil” y no detenerte en tu meta!

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