Hablando de nada, divina destrucción.

Probablemente no voy a decir nada, para variar, pero voy a especular un rato…

Parece ser, por lo visto hasta ahora, al menos por mi parte, que las acciones, propiedades “divinas” o principios metafísicos que rigen el universo y que lo “ordenan y mantienen en constante cambio” son siempre tres: Creación-Conservación-Destrucción (Brahma-Visnú-Shiva), la santa trinidad, o los tres nombres, de algunas religiones.

Probablemente estaremos de acuerdo en que el ser humano resulta ser el “más destructivo”, el depredador nº1 o, al menos, el que mayor capacidad destructiva tiene entre los seres que habitan el planeta, tanta que incluso podría destruir el planeta entero, ya que según dicen “los expertos” lo podríamos destruir varias veces, claro que quizás olvidan que una vez destruido habría que crearlo de “0”, con lo cual “algo” se debe “conservar” también, aunque sea nada, para dar lugar a esa nueva manifestación, conservarla y destruirla nuevamente. Podríamos estar de acuerdo entonces en que además de nuestra capacidad creadora y “conservadora o restauradora”, nuestra cualidad destructiva está “por encima” o “más capacitada” que la del resto de seres vivos, lo cual nos ofrece una propiedad divina, que puede ser vista como la “más poderosa” y al mismo tiempo peligrosa, de lo cual se desprende la gran responsabilidad humana ante lo divino, sagrado y universal, sin menospreciar ni despreciar los otros dos principios ya que “creando” también se puede “destruir” y a veces es necesario crear o destruir para conservar por ejemplo, precisamente porque “el equilibrio” de estas tres constantes universales, a las que llamo constantes no por capricho, sino porque estas tres “acciones” ocurren constantemente en el “universo”, dan lugar a un orden “natural” de “acontecimientos”.

Esta pequeña reflexión que quizás no lleva a ningún lugar, tampoco lo pretendía, más allá de señalar lo sagrado y divino de nuestra cualidad destructiva, con lo cual podéis observar lo manipulado que está este concepto en general y sobretodo para que se utilizan por parte de las mayorías democráticas estás cualidades destructivas, especialmente cuando se imponen sobre otros seres humanos a los que hay que “democratizar y dar derechos” e imponer valores virtuales, o también a los animales para poderlos legislar y utilizar, eso sí, siempre en la medida que contemple “el derecho”, basado en la democracia y la justicia de la “ciencia cuantitativa moderna”, que sencillamente “olvida” (o pretenden hacer olvidar), que todo es uno y que en “la parte” también está el todo, por lo tanto no existen las cantidades, sino los números, pero estos serían “símbolos” antes que cualquier cantidad, lo cual supone una suplantación de conocimiento por cantidad de formación e información, una “inversión del saber” cuyo pago será el resultante impuesto tras el cruce de intereses mercantiles transformados en ley judicial, leyes que permiten manipular y patentar la vida incluso distintas y “nuevas formas de organismos vivos”, “apoderándose” a modo de falsos dioses de su creación-conservación-destrucción, desde y hasta su raíz y semilla primordial con el beneplácito de todos sus adoradores, temerosos de la muerte a la que nos une el nacimiento, que a través de la financiación de “valores invertidos” y en nombre de “la seguridad”, “el bienestar”, “el bien común” promueven el avance de su “StarWars atómico y de plástico”, la ingeniería genética desalmada y la imposición de su bonita “granja de playmóvil global” . Así que no me parece raro que “la destrucción” sea vista negativamente, más aún por el miedo a la muerte que a tantos impide vivir, pues si algo se destruye mayormente a día de hoy es la vida en todas sus formas y diversidades para ponerle un uniforme de “homogeneidad y pensamiento único universal”, aún así no creo que haya que reprimir esta cualidad divina que supone la destrucción, como siempre el acto depende de la actitud, de la postura y del enfoque con que se exprese esta bella capacidad humana, que permite a muchas personas, por ejemplo en Oriente, realizar maravillosos mandalas y tras su observación, eliminarlos en un soplo de viento sin aferrarse a “su obra” pues saben que los “frutos no les pertenecen”. Precisamente parece que resulta imprescindible la destrucción “natural” ante todo el tinglado que hemos montado los últimos dos milenios y especialmente los últimos dos siglos, dónde cada carencia y miedo del ser humano se ha visto reflejada en un invento, en una suplantación externa, alcanzando a suplantar la vida desde su semilla ante un entorno contaminado por el progreso material al que han llevado las carencias espirituales y de entendimiento del propio ser humano convertido en una masa registrada que se puede cuantificar, agrupar, dividir, moldear con distintos medios de bienestar que nos ocupan la existencia hasta lo más íntimo, mientras nos dejan tratar de sobrevivir empleados en seguir produciendo para su obra mercantil global. Ante el panorama presente nos debería restar miedo la destrucción, aunque ciertamente “la creación-manifestación” es imprescindible y suele sonar más bonito esto de “crear”, como decía va todo junto, y por ejemplo también se creó la bomba atómica, que de bien seguro para muchos resultará un maravilloso invento, pero del cual no se negarán su propiedades destructivas.

Por otro lado la conservación le suele gustar a la mayoría de personas y no me parece extraño, pues en cierto modo a quién no le gusta pensar y creer que existe algo que se conserva por toda la eternidad, particularmente no creo que conserve nada “mio”, pero entiendo que “algo”, “eso” como dirían los hindúes, se conserva “por encima de la existencia”, pero, además, no dejamos de ser “animales de hábitos y costumbres”, de rutinas y sabemos que todo lo malo se pega, así que conservar según que hábitos o vicios y aferrarse en exceso a cualquier cosa y a todo en general también acaba con la vida en muchos casos y por tanto para conservar la vida hay que destruir, por ejemplo: hábitos, en este caso con el que especulaba, así que “especulín, especulado, esta especulación se ha terminado”.

P.D. Este mensaje, incluso este blog, puede ser autodestruido en cualquier momento, pero tranquilos, o no, porque esto daría lugar a “otra creación” y por otra parte siempre se conservará “algo”, en algún lugar no necesariamente manifestado, aunque sea nada, pero “algo” nos quedará.

Apareador.

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